Carlos Cenalmor, psiquiatra: "Sin un buen descanso nunca vas a tener un buen balance emocional"
El psiquiatra alerta de los comportamientos que están detrás del agotamiento emocional y físico en el día a día. Desde la falta de descanso hasta la autoexigencia extrema, advierte de que pequeñas rutinas pueden acabar derivando en ansiedad o burnout
El cansancio constante, la falta de concentración o esa sensación de bajón los domingos por la tarde se han convertido en una realidad cada vez más extendida. Para el psiquiatra Carlos Cenalmor, detrás de estos síntomas no siempre está el exceso de trabajo, sino una serie de hábitos cotidianos que terminan pasando factura a la salud mental.
Con experiencia tratando a pacientes con ansiedad, depresión o burnout, Cenalmor advierte de patrones que se repiten con frecuencia. Él mismo reconoce haberlos sufrido en primera persona: “A los 30 años, con burnout, sin energía y sin propósito, hacía todas estas cosas”, explica. Su mensaje es claro: la clave no está tanto en lo que se hace, sino en cómo se gestionan las emociones y la relación con el trabajo.
@dr.carloscenalmor Quieres la versión “para cerebros ocupados y paciencia corta”. Aquí va: 8. Usar un solo móvil → nunca desconectas. 7. Normalizar estar siempre cansado. 6. Querer resolver todos los problemas → aprende a decir no. 5. Criticarte por sentir emociones negativas. 4. No valorar el descanso. 3. Basar tu identidad solo en el trabajo. 2. Ignorar las señales del cuerpo. 1. Exigirte más de lo humanamente posible (autoexplotación). Listo. El burnout resumido en ocho balas directas al ego moderno. ??
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Uno de los errores más habituales es no desconectar nunca. El uso de un único teléfono para lo personal y lo profesional mantiene al cerebro en alerta constante. “Estás siempre a medio camino de volver a pensar en ese email que te preocupa”, señala. Por eso, propone separar ambos ámbitos para facilitar el descanso mental.
Otro hábito que considera especialmente dañino es normalizar el agotamiento. “No es normal llegar al viernes sin siquiera poder leer un libro”, afirma. A esta fatiga se suma la tendencia a querer resolver todos los problemas, lo que genera una carga emocional difícil de sostener. Aprender a decir no, según el psiquiatra, es fundamental para preservar la paz mental.
Cenalmor también pone el foco en la relación con las emociones. Criticarse por sentir miedo, rabia o tristeza es un error frecuente: “Cada emoción tiene una función”, recuerda. En lugar de reprimirlas, defiende comprenderlas y gestionarlas.
El descanso ocupa un lugar central en su discurso. En una sociedad que asocia productividad con valor personal, parar puede generar incluso culpa. Sin embargo, lanza una advertencia contundente: “Sin un buen descanso nunca vas a tener un buen balance emocional”. Dormir bien y respetar los tiempos de recuperación no es un lujo, sino una necesidad básica.
Otro de los puntos clave es no basar toda la identidad en el trabajo. “Si todo tu valor está ahí, cuando algo falle te acabarás rompiendo”, explica. Diversificar el propósito vital —familia, hobbies, naturaleza o pareja— ayuda a mantener el equilibrio emocional.
El cuerpo, añade, suele avisar antes de que aparezcan problemas más graves. Dolores de cabeza, fatiga o molestias digestivas son señales que muchas personas ignoran. “Tu cuerpo te está gritando que pares”, advierte, recordando que ha visto casos severos derivados de no atender estas alertas.
Por último, Cenalmor identifica un enemigo interno: la autoexigencia extrema. “Tienes un jefe en tu cabeza que te explota más que cualquier jefe real”, describe. Esa voz crítica constante, que nunca permite parar ni reconoce logros, está en la raíz de muchos cuadros de burnout.
Su mensaje apunta a un cambio de enfoque: menos autoexigencia, más escucha interna y una relación más saludable con el descanso y las emociones.
El cansancio constante, la falta de concentración o esa sensación de bajón los domingos por la tarde se han convertido en una realidad cada vez más extendida. Para el psiquiatra Carlos Cenalmor, detrás de estos síntomas no siempre está el exceso de trabajo, sino una serie de hábitos cotidianos que terminan pasando factura a la salud mental.