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Gustavo Zerbino, supervivientes del accidente de avión de los Andes de 1972: "En ese lugar inhóspito no había vida"
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Gustavo Zerbino, supervivientes del accidente de avión de los Andes de 1972: "En ese lugar inhóspito no había vida"

Gustavo Zerbino revive en el pódcast los momentos más duros del accidente aéreo de 1972 en la cordillera de los Andes, una tragedia marcada por la supervivencia extrema, decisiones límite y un entorno donde, como recuerda, “no había vida”

Foto: Gustavo Zerbino en el pódcast (YouTube)
Gustavo Zerbino en el pódcast (YouTube)

Gustavo Zerbino, uno de los 16 supervivientes del accidente aéreo de los Andes en 1972, ha vuelto a poner voz a una de las historias más impactantes del siglo XX. En una entrevista en el pódcast Roca Project, el uruguayo ha recordado con crudeza cómo fue enfrentarse a un entorno extremo donde, según sus propias palabras, “no había vida”.

Durante la conversación, Zerbino describe el momento del impacto con una claridad que sigue estremeciendo más de medio siglo después. “Chocamos a 600 km/h contra una montaña de 5.400 metros”, relata. A partir de ahí, comienza una lucha por la supervivencia en un lugar que define como completamente inhóspito: “No crecían ni los líquenes, nunca había pisado un animal ni un hombre”.

El superviviente explica que, tras el accidente, la sensación era casi irreal, como si hubieran sido trasladados a otra dimensión. “Entramos en una realidad tipo Matrix cuando uno toma conciencia de dónde está y que ha sobrevivido”, señala. Esa toma de conciencia llegaba acompañada de preguntas inevitables: quiénes habían muerto, dónde estaban exactamente o si debían sentirse afortunados por seguir con vida.

Uno de los momentos más duros que recuerda fue la decisión de alimentarse de los cuerpos de los fallecidos, una cuestión que marcó profundamente al grupo. Zerbino aclara que no todos estuvieron de acuerdo, pero que finalmente se estableció una especie de compromiso moral: “Si yo me muero, yo te autorizo a que me comas”. Una decisión que define como “un pacto de vida”, más que una simple medida de supervivencia.

La situación cambió de forma radical cuando lograron sintonizar una radio y escucharon que las labores de búsqueda habían sido canceladas. “Si no hubiéramos escuchado eso, nos moríamos todos”, reconoce. Ese momento obligó al grupo a asumir que nadie vendría a rescatarles y que su supervivencia dependía exclusivamente de ellos mismos.

A partir de ahí, se organizó una especie de sociedad improvisada en plena nieve, basada en la cooperación y la humildad. “Nos dimos cuenta de que la única manera de sobrevivir era aceptar que yo solo no puedo”, explica. Esa mentalidad colectiva fue clave para resistir durante más de dos meses en condiciones extremas.

Foto: ingrid-betancor-supervivientes-rompe-normas-limite

Zerbino también reflexiona sobre el vínculo que se creó entre los supervivientes y quienes fallecieron. Asegura que todos, vivos y muertos, contribuyeron de alguna manera a que el grupo saliera adelante: “Todos dieron el 100% de lo que podían dar”. De las 45 personas que viajaban en el avión, solo 16 lograron regresar con vida.

El testimonio se cierra con una imagen cargada de simbolismo. Tras el rescate, el padre de uno de los fallecidos expresó ante los medios una idea que resume el impacto humano de la tragedia: “Perdí un hijo en la cordillera, pero la vida me devolvió 16 hijos nuevos”. Una frase que, décadas después, sigue reflejando la dimensión emocional de aquella historia límite.

Gustavo Zerbino, uno de los 16 supervivientes del accidente aéreo de los Andes en 1972, ha vuelto a poner voz a una de las historias más impactantes del siglo XX. En una entrevista en el pódcast Roca Project, el uruguayo ha recordado con crudeza cómo fue enfrentarse a un entorno extremo donde, según sus propias palabras, “no había vida”.

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