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Francis Bacon, filósofo: “Quien está encantado en la soledad es una bestia salvaje o un dios”
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Francis Bacon, filósofo: “Quien está encantado en la soledad es una bestia salvaje o un dios”

Carecer de compañía puede ser el camino directo a la plenitud o a la perdición, dependiendo de cada caso.

Foto: Francis Bacon, filósofo. (Psicología y mente)
Francis Bacon, filósofo. (Psicología y mente)

Nuestro componente social define gran parte de la naturaleza del ser humano. Desde la tendencia de vivir en comunidades hasta la necesidad de relacionarnos con diferentes miembros de la sociedad a los que acogeremos en nuestro círculo cercano, son solo algunas muestras de que requerimos los unos de los otros para progresar colectivamente.

Por el contrario, el hecho de estar solo se percibe como una consecuencia de la incapacidad de convivir con el resto de individuos, ya sea por razones personales, sociales o de cualquier otra índole. Sin embargo, también puede ser la muestra de haber encontrado en nuestro interior la clave para vivir en plenitud.

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Se trata de un arduo debate que ha llevado a numerosos pensadores de la historia a reflexionar acerca de su condición humana. Una de las conclusiones más contundentes fue desgranada por el filósofo Francis Bacon, que decidió verbalizarla para que el resto de la sociedad tomara nota en forma de legado. “Quien está encantado en la soledad es una bestia salvaje o un dios”, pronunció.

Soledad voluntaria

El autor inglés esgrimió estas palabras con respecto al estado de soledad como símbolo de nuestra mentalidad. Desde luego, una soledad no deseada puede convertirse en el mayor de los infiernos, especialmente en los usuarios más dependientes de las relaciones humanas para enriquecer su trayectoria vital y sus propósitos pendientes.

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No obstante, encontrar esa claridad mental sin nadie a nuestro alrededor implica haber alcanzado un nivel de conciencia superior. Ya no se trata de soportar la falta de compañía, sino de abrazarla para sacar todo nuestro potencial cuando esta se presenta de forma eventual en nuestro camino, como si de una ventaja se tratase.

Disfrutar de la presencia ajena es una virtud realmente valiosa. Sin embargo, mantener una relación tóxica con ello puede llevarnos por el camino de la amargura más desagradable. Apostar por nuestra capacidad de adaptación es clave para asumir esos escenarios en los que nos sentimos menos seguros por naturaleza.

Nuestro componente social define gran parte de la naturaleza del ser humano. Desde la tendencia de vivir en comunidades hasta la necesidad de relacionarnos con diferentes miembros de la sociedad a los que acogeremos en nuestro círculo cercano, son solo algunas muestras de que requerimos los unos de los otros para progresar colectivamente.

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