Borja Bandera, doctor: "Hay gente que se toma treinta suplementos y luego es antivacunas"
Con el auge de la información, hay cada vez más contradicciones sobre lo que se debe hacer y lo que no en materia de salud
El endocrino Borja Bandera ha hablado en el pódcast de José Abellán sobre la obsesión por los suplementos frente al rechazo a tratamientos con respaldo científico.
Lejos de defender atajos o fórmulas milagrosas, Bandera plantea una idea mucho más sencilla y también más incómoda: la salud se construye con hábitos sostenidos y no con cápsulas. Ejercicio físico, descanso, alimentación razonable, control del estrés y una mirada crítica hacia las modas de internet forman, a su juicio, la base real de la longevidad. Todo lo demás ocupa un escalón secundario.
Durante la charla, el endocrino advirtió de que el debate sobre vivir más años se ha llenado de mensajes exagerados, promesas imposibles y recomendaciones con poca evidencia sólida. Para él, hablar de longevidad no debería centrarse tanto en alcanzar cifras extraordinarias de edad como en llegar a viejo con autonomía, fuerza y calidad de vida. Dicho de otra forma: no obsesionarse con ser inmortal, sino con retrasar al máximo la dependencia y la discapacidad.
Esa visión también explica su desconfianza ante el consumo indiscriminado de suplementos. Bandera reconoce que algunos pueden tener interés en contextos concretos, como la creatina, el magnesio, la vitamina D o el omega 3, pero insiste en que ninguno sustituye a la base de la pirámide. De hecho, criticó que muchos pacientes acudan a consulta con listas interminables de productos mientras desprecian intervenciones médicas ampliamente estudiadas. Ahí encaja su frase más llamativa: personas que gastan dinero en decenas de suplementos, pero recelan de vacunas o estatinas.
El mensaje de fondo no es que todos los suplementos sean inútiles, sino que el problema aparece cuando se convierten en una especie de religión del bienestar. Bandera defiende que antes de pensar en “biohacking”, frío extremo o combinaciones de compuestos de moda, conviene preguntarse cómo se come, cuánto se duerme, cuánto se camina y cuánto ejercicio de fuerza se hace cada semana.
También se mostró especialmente crítico con el estilo de vida actual, marcado por la comodidad constante. Según explicó, vivimos con temperaturas estables, rutinas sedentarias y niveles muy bajos de incomodidad real, lo que reduce la tolerancia al estrés. Por eso considera que ciertas prácticas, como el frío, pueden tener más valor mental que estético: no tanto para quemar grasa como para entrenar la capacidad de soportar el malestar y salir de la zona de confort.
En materia de alimentación, Bandera rehúye las guerras ideológicas entre bandos irreconciliables. Ni el alarmismo extremo ni las consignas absolutas le parecen útiles. Su apuesta pasa por alejarse de la dieta occidental ultraprocesada, controlar el exceso calórico y dar más peso a los alimentos de origen vegetal, sin convertir cada decisión nutricional en una batalla moral. Para él, se puede comer bien de muchas formas, pero se suele comer mal de una sola.
Su discurso conecta con una corriente cada vez más extendida entre médicos divulgadores que intentan rebajar el ruido de las redes sociales. Frente a quienes prometen soluciones definitivas en forma de pastilla, ayuno, hormona o suplemento, Borja Bandera reivindica una medicina más pegada a la realidad cotidiana. Una que recuerde que la longevidad no empieza en el bote de cápsulas.
El endocrino Borja Bandera ha hablado en el pódcast de José Abellán sobre la obsesión por los suplementos frente al rechazo a tratamientos con respaldo científico.