La salud mental ha dejado de ser un asunto secundario para convertirse en uno de los grandes retos sanitarios del siglo XXI. El aumento de los diagnósticos de depresión, ansiedad o trastornos afectivos nos dice que es muy necesario de revisar cómo se entiende y se trata el sufrimiento psicológico.
Cada vez más especialistas alertan de que el modelo tradicional, centrado en separar mente y cuerpo, se queda corto. El malestar emocional no surge en el vacío, sino que está profundamente conectado con la historia vital, el entorno y el propio organismo. Esta visión más amplia empieza a abrirse paso en la psiquiatría.
José Luis Marín defiende un cambio de paradigma. Su enfoque pone el acento en el origen del sufrimiento y en cómo este se manifiesta de distintas formas en el cuerpo. Para él, la clave no está solo en los síntomas, sino en comprender qué hay detrás de ellos.
De hecho, lanza una afirmación que rompe con la visión clásica: “La artritis reumatoide y el trastorno bipolar están relacionados porque tienen que ver con el sufrimiento”. Según explica, ambas patologías pueden compartir un mismo origen vinculado al estrés crónico y a experiencias vitales adversas.
El cuerpo y la mente, una misma realidad
El planteamiento de Marín parte de una idea central: no existe una separación real entre lo físico y lo psicológico. El organismo responde de forma global al dolor, ya sea emocional o corporal.
En este sentido, el especialista apunta a los procesos inflamatorios como un posible nexo común. El estrés prolongado puede activar el sistema inmunitario y generar inflamación, que a su vez afecta tanto al cerebro como a otros órganos.
Otro de los aspectos que cuestiona es la explicación clásica de la depresión como un simple desequilibrio de neurotransmisores. Marín considera que centrarse únicamente en la serotonina es insuficiente y puede desviar la atención del verdadero origen del problema.
En su opinión, los cambios químicos en el cerebro son, en muchos casos, consecuencia de procesos más complejos relacionados con la biografía del paciente. Por eso insiste en buscar “la causa de las causas” y no quedarse en la superficie.
El peso de la infancia y el silencio
El psiquiatra pone especial énfasis en las experiencias infantiles adversas. Situaciones como el abandono, el abuso o la falta de apoyo emocional pueden dejar una huella duradera en la salud.
“El ser humano necesita expresar y ser escuchado”, subraya. Cuando ese dolor se silencia, puede transformarse en estrés crónico y acabar manifestándose en forma de enfermedad.
En su experiencia clínica, muchos pacientes reconocen por primera vez episodios traumáticos cuando alguien les pregunta directamente por ellos. Ese simple acto, asegura, ya tiene un efecto terapéutico.
El discurso del “tú puedes con todo” puede convertirse en una carga para quienes no logran cumplir esas expectativas, aumentando la sensación de fracaso y culpa. Para el psiquiatra, esta cultura contribuye a cronificar el malestar.
Propone recuperar algo esencial en la práctica clínica: escuchar al paciente. El motivo de consulta, advierte, rara vez coincide con el problema de fondo.
Detrás de un diagnóstico de depresión o ansiedad suelen esconderse conflictos vitales, soledad o situaciones de estrés prolongado. Por eso aboga por mirar más allá del síntoma y entender la historia completa.
La salud mental ha dejado de ser un asunto secundario para convertirse en uno de los grandes retos sanitarios del siglo XXI. El aumento de los diagnósticos de depresión, ansiedad o trastornos afectivos nos dice que es muy necesario de revisar cómo se entiende y se trata el sufrimiento psicológico.