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Este experto en Fisicoquímica sabe por qué se arrugan los dedos cuando los dejamos mucho tiempo en agua: "Se contraen"
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Este experto en Fisicoquímica sabe por qué se arrugan los dedos cuando los dejamos mucho tiempo en agua: "Se contraen"

Arrugarse los dedos tras estar en el agua no es solo una reacción pasiva de la piel. Un doctor en fisicoquímica explica que detrás de esto hay un mecanismo controlado por el sistema nervioso que podría tener una función clave

Foto: Dedos arrugados por el agua (iStock)
Dedos arrugados por el agua (iStock)

Arrugarse como una pasa tras unos minutos en el agua es una experiencia común que casi todos han vivido. Lo que parece un simple efecto de la humedad es, en realidad, una reacción biológica más compleja y con una posible utilidad evolutiva.

El divulgador en fisicoquímica conocido como @phdresponde en redes sociales lo explica de forma clara: durante años se creyó que todo se debía a que “la capa externa de la piel absorbe agua y entonces pasa a ser más gruesa”. Sin embargo, la ciencia ha ido más allá de esa idea inicial y ha demostrado que el proceso implica al sistema nervioso.

La clave está bajo la piel. Según detalla el experto, “los vasos sanguíneos que hay por debajo de la piel se contraen”, un fenómeno conocido como vasoconstricción. Esta reacción reduce ligeramente el volumen del tejido interno, lo que provoca que la superficie de la piel se hunda en algunas zonas y genere ese característico patrón de arrugas.

Este mecanismo no ocurre por casualidad. De hecho, los científicos han comprobado que cuando hay daños en los nervios de los dedos, las arrugas no aparecen, aunque la piel permanezca mucho tiempo en contacto con el agua. Eso demuestra que se trata de una respuesta activa del organismo, no de un simple efecto pasivo de la humedad.

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Además, existe una hipótesis cada vez más aceptada que da sentido a esta reacción. Tal y como apunta el divulgador, estas arrugas podrían mejorar la capacidad de agarre: “funcionan un poco como los surcos de un neumático”, ayudando a canalizar el agua y aumentar la fricción. Gracias a ello, sería más fácil sujetar objetos mojados o resbaladizos.

Lejos de ser una simple curiosidad, este pequeño detalle cotidiano revela cómo el cuerpo humano está lleno de adaptaciones sorprendentes. Incluso algo tan aparentemente trivial como tener los dedos arrugados tras un baño puede esconder una función práctica diseñada por la evolución.

Arrugarse como una pasa tras unos minutos en el agua es una experiencia común que casi todos han vivido. Lo que parece un simple efecto de la humedad es, en realidad, una reacción biológica más compleja y con una posible utilidad evolutiva.

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