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Álvaro Fernández, farmacéutico: "¿Te enfadas más cuando tienes hambre? No eres tú... es tu cerebro"
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Álvaro Fernández, farmacéutico: "¿Te enfadas más cuando tienes hambre? No eres tú... es tu cerebro"

El farmacéutico Álvaro Fernández explica por qué el mal humor aparece cuando llevamos horas sin comer y qué ocurre en el cerebro para que pequeñas molestias se conviertan en enfados desproporcionados

Foto: Álvaro Fernández en su vídeo de TikTok (@farmaceuticofernandez)
Álvaro Fernández en su vídeo de TikTok (@farmaceuticofernandez)

Álvaro Fernández, farmacéutico, lanza una explicación que muchos reconocerán al instante: ese mal humor repentino que aparece antes de comer tiene más que ver con el cerebro que con el carácter. La sensación, tan común como incómoda, cuenta con base científica y desmonta la idea de que se trata simplemente de falta de paciencia.

“¿Te enfadas más cuando tienes hambre? No eres tú… es tu cerebro”, plantea el experto, que pone el foco en lo que ocurre en el organismo cuando pasan varias horas sin ingerir alimentos. Lejos de ser una simple percepción, el proceso tiene implicaciones fisiológicas claras.

El primer factor clave está en la glucosa. El cerebro necesita este “combustible” para funcionar correctamente, y cuando sus niveles bajan, también lo hace la capacidad de gestionar las emociones. Fernández lo explica de forma directa: “Si llevas horas sin comer, el cerebro funciona peor y tienes menos paciencia”. Esa falta de energía se traduce en respuestas más impulsivas y menor tolerancia a la frustración.

A esto se suma una reacción del propio cuerpo. Ante la falta de alimento, el organismo entra en un estado de alerta que incrementa la liberación de hormonas como el cortisol y la adrenalina. “Estás más irritable, más reactivo”, apunta el farmacéutico, señalando que este mecanismo tiene un origen evolutivo: preparar al cuerpo para conseguir comida.

Foto: Foto: La bioquímica y autora Jessie Inchauspé (Osvaldo Ponton)

Ese modo supervivencia también afecta al comportamiento. El cerebro prioriza una necesidad básica —comer— por encima de otras funciones, como la regulación emocional. “Tu cerebro solo quiere una cosa: comer. ¿La paciencia? No es prioritaria”, resume Fernández, dejando claro por qué pequeñas molestias pueden convertirse en grandes enfados cuando el estómago está vacío.

La escena resulta familiar para muchos: una discusión por algo insignificante que desaparece tras una comida. “Te cabreas por una tontería… y luego comes… y se te pasa”, describe el experto, subrayando que no se trata de casualidad, sino de una respuesta biológica.

Foto: El doctor Carlos Jaramillo (Youtube)

Este fenómeno, cada vez más conocido como “hanger” (mezcla de hambre y enfado), pone de relieve la importancia de mantener una alimentación regular no solo por motivos físicos, sino también emocionales. Porque, como recuerda Fernández, a veces la solución a un mal día no pasa por gestionar mejor el carácter, sino por algo mucho más sencillo: comer a tiempo.

Álvaro Fernández, farmacéutico, lanza una explicación que muchos reconocerán al instante: ese mal humor repentino que aparece antes de comer tiene más que ver con el cerebro que con el carácter. La sensación, tan común como incómoda, cuenta con base científica y desmonta la idea de que se trata simplemente de falta de paciencia.

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