La humanidad está profundamente sumida en numerosos debates existenciales que llevan dando vueltas a nuestra especie desde tiempos inmemoriales. El sentido de la vida o la existencia más allá de la muerte son algunos de los conceptos más repetidos. Sin embargo, uno de los que más repercusión presenta en la cotidianeidad de diversos ciudadanos es, sin duda, la búsqueda de la felicidad.
Con diversos propósitos se ha mantenido este objetivo por parte de múltiples individuos, llegando incluso a esta sociedad. Y es que resulta irónica la tristeza que genera en muchos de ellos su constante obsesión por perseguirla a través de medios económicos, políticos o de influencia, los cuales no hacen más que alejarlos todavía más de esa meta.
Este planteamiento ha sido objeto de disputa entre diversas figuras de gran relevancia en campos como la cultura o la filosofía. Una prueba de ello reside en John Stuart Mill, que pronunció una sencilla frase con la que evidenció el mayor obstáculo que muchos encuentran en su búsqueda de la plenitud. “Pregúntate si eres feliz y dejarás de serlo”, recalcó el pensador.
Felicidad es el camino y no el destino
El filósofo y político británico quiso lanzar esta cuestión a todos los que apuntaban a este objetivo con una ambición desmedida. Y es que son muchos los que anteponen la búsqueda de su felicidad a cualquier otro propósito que pueda generar una virtud compartida con los que nos rodean, algo que los detiene en su camino hacia esa realización personal.
Por otro lado, tomarse la felicidad como un logro y no como una consecuencia de vivir una vida deseada es la principal fuente de frustración de diferentes personas, especialmente en una sociedad que ha encontrado en este sentimiento un filón para perpetuar el consumismo. Y es que la felicidad no es un elemento que se compre, sino que surge en nuestro interior de manera natural.
Ser feliz es una realidad que adquiere diferentes aspectos dependiendo de a quién le preguntes. Las similitudes llegan a la hora de disfrutarla, lejos de ambiciones vanidosas y de objetivos poco realistas. Se trata de un proceso que se trabaja día a día, con paciencia y dedicación, hallando la respuesta a una pregunta en el momento más inesperado.
La humanidad está profundamente sumida en numerosos debates existenciales que llevan dando vueltas a nuestra especie desde tiempos inmemoriales. El sentido de la vida o la existencia más allá de la muerte son algunos de los conceptos más repetidos. Sin embargo, uno de los que más repercusión presenta en la cotidianeidad de diversos ciudadanos es, sin duda, la búsqueda de la felicidad.