Cada ser humano emplea un criterio diferente para manejarse a lo largo de su día a día. Su personalidad yla experiencia que vamos adquiriendo durante el paso del tiempo son algunos de los consejeros por los que numerosos individuos se dejan guiar para tomar las diferentes decisiones que les otorgarán un rumbo concreto a su vida.
En este sentido, somos una especie que está mental y emocionalmente programada para evitar el riesgo en las situaciones que se nos presentan. Por ello, optar por una vía que puede implicar un probable perjuicio para nosotros es percibido con cierto temor o miedo a la incertidumbre, actuando como un mecanismo de defensa ante lo desconocido.
Sobre ello han discutido algunos de los hombres más brillantes de la historia en múltiples campos, siendo el de la filosofía uno de los más recurrentes. Es aquí donde encontramos referentes como David Hume, que dejaron algunas de las frases más profundas acerca de la naturaleza del ser humano en este asunto. “La costumbre es la gran guía de la vida humana”, afirmaba el pensador.
La virtud de la costumbre
Con estas palabras, el filósofo trataba de evidenciar la tendencia de los individuos de nuestra especie a actuar en su rutina conforme a unos patrones de comportamiento que se cumplen en la mayoría de las ocasiones. Es la tranquilidad y estabilidad que ofrece la garantía del éxito la que nos motiva a repetir nuestras actitudes diarias.
Salir de esa misma rutina es lo que genera en el individuo una sensación de inquietud, que puede ser más o menos negativa en relación a la tolerancia al riesgo que cada persona albergue en su interior. Si bien existen usuarios que son especialmente atrevidos ante la incertidumbre de los futuros acontecimientos, otros lo perciben como una sensación desagradable que perturba su zona de confort.
Lo que es indudable es que las costumbres son algo que todos los miembros de nuestra especie siguen en mayor o menor medida, siendo un comportamiento que se encuentra intrínseco en nuestra propia biología. Trabajar nuestra mente para encajar mejor los eventos inesperados puede ayudarnos a controlar el estrés y ansiedad que aparece en numerosas ocasiones de nuestra vida.
Cada ser humano emplea un criterio diferente para manejarse a lo largo de su día a día. Su personalidad yla experiencia que vamos adquiriendo durante el paso del tiempo son algunos de los consejeros por los que numerosos individuos se dejan guiar para tomar las diferentes decisiones que les otorgarán un rumbo concreto a su vida.