Pocas verduras tienen la capacidad de colarse en casi cualquier receta como lo hace el calabacín. Sirve para un pisto, para una crema ligera, para una lasaña sin pasta e incluso para bizcochos. Barato, versátil y fácil de cocinar, este humilde vegetal se ha ganado un lugar fijo en muchas cocinas, aunque también tiene una pequeña pega: se estropea con más facilidad de la que nos gustaría.
A muchos les suena la escena. Compras varios calabacines con buena intención, los dejas en el frutero o en la nevera y, unos días después, uno de ellos aparece blando, con la piel arrugada y con un aspecto que invita poco a cocinar. Ni dejarlo cortado ni abandonarlo en el frutero suele ser la mejor idea si quieres que aguante más tiempo.
Para conservar el calabacín durante más tiempo sin tener que recurrir al congelador, el secreto está en encurtirlo: una técnica tradicional que nuestras abuelas conocían bien y que ahora vuelve a estar de moda en muchas cocinas.
El encurtido consiste en sumergir los alimentos en una mezcla de vinagre, sal, azúcar y especias. De esta forma se crea un ambiente que frena el deterioro del alimento y, de paso, le aporta un sabor diferente, ligeramente ácido y muy aromático.
Además, el calabacín tiene una ventaja importante: absorbe los sabores con mucha facilidad, por lo que encurtido puede convertirse en un acompañamiento perfecto para ensaladas, bocadillos o aperitivos.
Cómo hacerlo en casa sin complicaciones
Prepararlo es más fácil de lo que parece. Solo hay que lavar bien los calabacines, quitarles los extremos y cortarlos en rodajas o bastones. Después se colocan en un tarro de cristal con cierre hermético.
El siguiente paso es preparar el líquido de encurtido. Basta con mezclar agua, vinagre, sal, azúcar y algunas especias al gusto —como pimienta, mostaza en grano o un diente de ajo—. Una vez listo, se vierte sobre el calabacín hasta cubrirlo por completo.
Tras cerrar el tarro, se guarda en la nevera y se deja reposar unos días. En poco tiempo tendrás un calabacín crujiente, lleno de sabor y listo para usar en muchos platos, desde ensaladas hasta tostadas o aperitivos.
Mucho más que una verdura “de relleno”
Durante años el calabacín fue visto como una simple guarnición, pero esa idea ha cambiado. Cada vez más cocineros lo utilizan como ingrediente principal en platos creativos, desde láminas a la parrilla para sustituir la pasta hasta snacks crujientes o incluso postres.
Parte de su éxito se debe a que es nutritivo, ligero y muy agradecido en la cocina. Aporta fibra, vitamina C, potasio y antioxidantes, y su sabor suave permite combinarlo con prácticamente cualquier ingrediente.
Conservarlo bien en casa no solo ayuda a que dure más tiempo, también evita desperdiciar una verdura que, aunque humilde, puede dar mucho juego en la cocina. Y si encima termina convertido en un encurtido sabroso para picar, mejor todavía.
Pocas verduras tienen la capacidad de colarse en casi cualquier receta como lo hace el calabacín. Sirve para un pisto, para una crema ligera, para una lasaña sin pasta e incluso para bizcochos. Barato, versátil y fácil de cocinar, este humilde vegetal se ha ganado un lugar fijo en muchas cocinas, aunque también tiene una pequeña pega: se estropea con más facilidad de la que nos gustaría.