Anette Bosworh, doctora: "Cuando comes sardinas, activas las hormonas que se encargan de suprimir el apetito"
Una pequeña lata de pescado azul puede esconder más beneficios de lo que te imaginas
Las sardinas han pasado durante años desapercibidas en muchas dietas, pero distintos expertos en nutrición destacan cada vez más su valor. La doctora estadounidense Anette Bosworth asegura que este pequeño pescado puede activar hormonas que ayudan a suprimir el apetito, lo que explica por qué suele recomendarlo en determinados planes alimentarios centrados en el metabolismo.
Bosworth, conocida por divulgar contenidos sobre nutrición y salud metabólica, defiende que las sardinas destacan por su densidad nutricional. Se trata de un alimento rico en ácidos grasos omega-3, vitaminas como la D y la E, además de minerales y calcio de fácil absorción, elementos que contribuyen a mantener la salud del cerebro, del corazón y del sistema óseo.
Según la especialista, el consumo de alimentos con alto contenido en omega-3 también puede tener un impacto positivo en el bienestar mental. Incrementar estos ácidos grasos se asocia con una menor presencia de procesos inflamatorios en el organismo, lo que algunos estudios relacionan con un menor riesgo de ansiedad o depresión.
Pero uno de los aspectos que más destaca Bosworth tiene que ver con el control del hambre. Las sardinas contienen proteínas y grasas que activan hormonas vinculadas a la sensación de saciedad, entre ellas la colecistoquinina o el péptido YY. Estas sustancias actúan como señales para el cerebro y reducen el deseo de seguir comiendo tras la ingesta.
Otro factor relevante es que el organismo produce más bilis al digerir este tipo de alimentos. La bilis ayuda a descomponer y absorber las grasas y proteínas del pescado, lo que da lugar a una digestión eficiente y contribuye a que el cuerpo aproveche mejor los nutrientes.
Bosworth también destaca que las sardinas resultan difíciles de consumir en exceso. Al tratarse de un alimento muy saciante y que suele presentarse en raciones individuales —como las latas—, muchas personas alcanzan rápidamente la sensación de plenitud, lo que puede ayudar a limitar la ingesta calórica sin necesidad de grandes restricciones.
Si miramos el lado de la seguridad alimentaria, este alimento es también conveniente. Se debe a que los peces de menor tamaño acumulan menos mercurio que especies más grandes, ya que su ciclo de vida es más corto y se sitúan en niveles inferiores de la cadena alimentaria.
Las sardinas han pasado durante años desapercibidas en muchas dietas, pero distintos expertos en nutrición destacan cada vez más su valor. La doctora estadounidense Anette Bosworth asegura que este pequeño pescado puede activar hormonas que ayudan a suprimir el apetito, lo que explica por qué suele recomendarlo en determinados planes alimentarios centrados en el metabolismo.