Una experta en plantas ha advertido sobre un error frecuente en el cuidado de las macetas: el drenaje deficiente. Según explica, muchas personas creen que están regando correctamente, pero si el agua no tiene salida, el resultado puede ser perjudicial. "Puedes regar bien y aun así ahogar las raíces si el agua no tiene por dónde salir", sentencia la especialista, recordando que el drenaje es tan importante como el propio riego.
El problema aparece cuando la maceta no permite evacuar el agua sobrante. En ese caso, el exceso de humedad se acumula en el sustrato y provoca que las raíces se queden sin oxígeno, algo que puede terminar dañando gravemente la planta. Esta falta de aireación favorece además la aparición de hongos y procesos de pudrición, que deterioran el sistema radicular.
Cuando ocurre esta situación, las señales suelen ser visibles en la planta. Es habitual que las hojas se vuelvan amarillas, la planta aparezca mustia o deje de crecer, incluso aunque se mantenga una rutina de riego aparentemente adecuada. Esto genera confusión en muchos aficionados a la jardinería, que piensan que el problema es la falta de agua cuando, en realidad, puede ser justo lo contrario.
Para evitarlo, los especialistas recomiendan comprobar siempre que la maceta tenga orificios reales de salida de agua, evitar que los platos permanezcan llenos de agua durante mucho tiempo y utilizar sustratos sueltos que permitan circular el aire y el agua. Además, observar cómo drena la maceta tras el riego puede dar pistas: si el agua tarda demasiado en salir o no sale, el drenaje no está funcionando correctamente.
Una experta en plantas ha advertido sobre un error frecuente en el cuidado de las macetas: el drenaje deficiente. Según explica, muchas personas creen que están regando correctamente, pero si el agua no tiene salida, el resultado puede ser perjudicial. "Puedes regar bien y aun así ahogar las raíces si el agua no tiene por dónde salir", sentencia la especialista, recordando que el drenaje es tan importante como el propio riego.