Buenos Aires contra el Imperio británico: el golpe de gracia que pudo cambiar Sudamérica
El Imperio británico parecía imparable a comienzos del siglo XIX. Sin embargo, en Buenos Aires encontró una de sus derrotas más inesperadas: un ejército profesional superado por milicias improvisadas y por la ciudad
“No son los tiranos los que hacen esclavos, sino los esclavos los que hacen tiranos”, Arturo Pérez-Reverte.
La inquina venía de muy lejos. Es sabido que España y Francia fueron determinantes en la emancipación de las 13 colonias que luego serían el embrión de los actuales EE.UU. La aportación de Bernardo de Gálvez desde el sur de dichas colonias con un ejército extremadamente curtido y la de Francia con los bloqueos navales a diferentes puertos del este de la Florida, serían determinantes.
La monarquía y el pueblo de España entre 1775 y 1781, enviarían uniformes, mantas, menajes individuales para los soldados en campaña, fusilería, pólvora y préstamos al ejército de George Washington por un monto que hoy —y entonces— resultaría escandaloso, esto es, (cerca de 3.000 millones de dólares al cambio actual) que a la vista de cómo nos lo han pagado, resulta más sangrante si cabe. A todo esto, se hace necesario, recordar el tremendo golpe infligido por Luis de Córdova en 1780 con la incautación de una cincuentena de naves inglesas —entre escolta y cargueros— cargadas de municiones, armas y vituallas, en medio del Atlántico, hecho que acabó arruinando el mercado de fletes y la bolsa británica y; fue quizás, el golpe de gracia —en el mar— más importante infligido a Gran Bretaña hasta la II Guerra Mundial por la marina alemana al convoy ártico PQ-17, compuesto por 35 barcos mercantes de los que fueron hundidos 24, en un ataque combinado de la Luftwaffe y la Kriegsmarine.
Es en esa época de la independencia norteamericana, cuando los británicos comienzan a fraguar su venganza, una más, de coordinar un golpe en Hispanoamérica.
Pero... los británicos son perseverantes en la práctica de la afananza. Aquella idea reactiva, se reforzó con la estrategia del contragolpe. Mientras España sufría un ataque a traición por parte del ilustrado Petit Napoleón, los vecinitos isleños aprovecharon para darnos un susto. No hay que olvidar que durante la Guerra del Asiento u Oreja de Jenkins (el capitán Fandiño le requisó a un pirata que medraba por allá el producto de sus correrías y además le cortó una oreja por haberse portado mal), esta guerra que duró nueve años (1739 a 1748), nos reveló al enorme Blas de Lezo, un inspirador marino para todas las generaciones venideras sobre cómo ser resiliente ante la adversidad y creer siempre en la victoria.
Blas les dio un meneo de aquí te espero a los soldados de Vernon en la famosísima batalla de Cartagena. Pero los británicos eran unos enemigos formidables y años más tarde, en el entreverado de las guerras napoleónicas, intentarían hacia 1806, tomar Buenos Aires, cosa que hicieron pues estaban bastantes desprevenidos los locales "pegándole" al mate. Lo que ocurrió después es inenarrable. Los criollos (el virrey se marcó uncorrecaminos y se fue a por uvas), retomaron la ciudad 47 días después rindiendo a la guarnición británica y despojándolos de sus armas y uniformes. Vamos, que salieron trasquilados.
Les llovió de todo menos la lluvia purificadora. Aceite hirviendo, postas contra jabalíes, agua más caliente que la lava, piedras tamaño King Size
Pero no contentos con este varapalo, volvieron a la carga en 1807. Cuando cerca de 13.000 soldados y sus subidos comandantes se las prometían felices, un pueblo levantado en armas e inspirado por el pequeño —de estatura— alcalde Azaga, sembraron las calles porteñas de barricadas, púas, abrojos varios contra la caballería,aceitando el pavimento, y se organizaron en la posesión de los balcones y tejados diseñando armamento doméstico nivel último grito. Exactamente, aquel heroico grupo de resistencia actuó como una unidad compacta. A los “guiris” así llamaban despectivamente a los británicos (ver RAE), les llovió de todo menos la lluvia purificadora. Aceite hirviendo, postas contra jabalíes, agua más caliente que la lava, piedras tamaño King Size; en fin, el acabose.
A la postre, ante el apabullante asedio de los criollos y un buen número de españoles que no habían querido huir con el cobarde virrey Rafael de Sobremonte; la más temprana institución sobre la que germinaría el levantamiento años después contra el Virreinato de la Plata (el Cabildo) destituyó al desprestigiado militar. Santiago de Liniers tomaría el mando y con más arrestos. Pero la cosa no acaba aquí.
Los sitiados en el convento de Santo Domingo, unos 1700 soldados que bajo el mando del coronel Denis Pack, a la sazón subordinado de Whitelocke, no tuvieron más opción que una humillante rendición tras tres días de intenso bombardeo, sin agua, vituallas ni futuro. Está claro que el que la hace, la paga.
No obstante, a corto plazo y en los años venideros, los británicos sabedores del debilitamiento de España tras las guerras napoleónicas, entraron a saco en Sudamérica y desde lo que hoy es Venezuela hasta la Argentina actual, financiaron bajo cuerda varios alzamientos de la aristocracia económica criolla con la promesa de puestos importante en la administración y jugosas compensaciones económicas; casi todos cayeron en la trampa. Sudamérica quedó dividida en una miríada de repúblicas al socaires de los anglos y sus intereses económicos. Divide y vencerás.
Mucho glamour histórico en el British Museum y en el Horniman, controvertidos por ser cuevas de ladrones durante la época colonial británica, ambos, llenos de todo tipo de incautaciones y expolios a tutiplén; pero las vergüenzas las tienen escondidas debajo de la alfombra.
“No son los tiranos los que hacen esclavos, sino los esclavos los que hacen tiranos”, Arturo Pérez-Reverte.