La retracción de las encías —cuando el tejido gingival se desplaza y deja al descubierto parte de la raíz del diente— suele preocupar a muchos pacientes. Federico Baena, odontólogo, advierte que uno de los mitos más repetidos en consulta es creer que esta recesión ocurre simplemente por cepillarse demasiado fuerte. Según explica, en muchos casos el origen real del problema está en factores estructurales del hueso que sostiene el diente.
El especialista señala que, cuando los pacientes observan que el “cuello” del diente queda expuesto, suelen pensar inmediatamente en el cepillado. Sin embargo, si la causa fuera únicamente cepillarse mal o con demasiada fuerza, la recesión aparecería de forma uniforme en todos los dientes, algo que rara vez ocurre. En la práctica clínica es frecuente ver que algunos dientes presentan retracción mientras otros cercanos se mantienen intactos, lo que indica que el origen del problema es más complejo.
Uno de los factores clave que menciona Baena es la pérdida o la insuficiencia del hueso que sostiene los dientes. La encía se apoya directamente sobre el hueso alveolar, por lo que cuando este desciende o se reabsorbe, el tejido gingival también se desplaza hacia arriba.
El odontólogo explica que este tipo de alteración no siempre puede detectarse con una radiografía convencional. Para evaluar correctamente estos casos, en ocasiones es necesario realizar pruebas tridimensionales como una tomografía dental, que permite observar con precisión el nivel óseo alrededor de cada pieza.
Entre los factores que pueden provocar esta pérdida de hueso, Baena menciona tratamientos previos de ortodoncia, especialmente cuando implicaron extracciones dentales o movimientos complejos para corregir el apiñamiento. Durante esos procesos, el hueso puede adaptarse al desplazamiento del diente o, en algunos casos, reabsorberse parcialmente, dejando zonas con menor soporte óseo.
La mordida y la presión que ejercen los dientes también pueden influir. En determinadas situaciones, el apretamiento o los microtraumatismos generados al morder provocan tensiones en la estructura dental que favorecen el desplazamiento de la encía. No obstante, el especialista insiste en que cada caso debe analizarse de forma individual antes de atribuir el problema al cepillado.
Eso no significa que la higiene dental no sea importante. Baena advierte de que abandonar el cepillado por miedo a empeorar la retracción puede generar un problema mayor, ya que la acumulación de placa y bacterias puede desencadenar enfermedades periodontales que sí aceleran la pérdida de encía y de hueso.
El tratamiento depende del origen del problema. Cuando la recesión se debe a la falta de soporte óseo, la solución suele centrarse en fortalecer el tejido gingival mediante injertos de encía o técnicas periodontales que aumenten su grosor y resistencia. Aunque estas intervenciones no siempre logran cubrir completamente la raíz expuesta, pueden mejorar la estabilidad del tejido y evitar que la retracción avance.
Baena también subraya la importancia de la salud general del paciente. Enfermedades que afectan a la circulación sanguínea, como la diabetes o ciertos trastornos metabólicos, pueden perjudicar la microcirculación de la encía y favorecer la pérdida de hueso. Mantener una buena alimentación, evitar el tabaco y controlar las enfermedades sistémicas resulta fundamental para preservar la salud periodontal.
La retracción de las encías —cuando el tejido gingival se desplaza y deja al descubierto parte de la raíz del diente— suele preocupar a muchos pacientes. Federico Baena, odontólogo, advierte que uno de los mitos más repetidos en consulta es creer que esta recesión ocurre simplemente por cepillarse demasiado fuerte. Según explica, en muchos casos el origen real del problema está en factores estructurales del hueso que sostiene el diente.