Todo ser humano, desde que tiene uso de razón, se plantea diferentes objetivos a cumplir en las diferentes etapas de su vida. Ya seamos niños, adultos o ancianos, todos nos comprometemos personalmente a trabajar por lograr un propósito, independientemente de su dificultad a la hora de hacerlo realidad.
Sin embargo, y como se suele decir, quien algo quiere, algo le cuesta. Por lo tanto, el esfuerzo y la dedicación son algunas de las claves para alcanzar nuestras metas de la manera más honesta y limpia posible. Aunque en el camino, no estamos exentos de vernos seducidos por atajos que esconden malicia en su recorrido.
Sobre esta realidad se ha debatido constantemente a lo largo de la historia de nuestra especie desde diferentes perspectivas, siendo la filosófica una de las más recurrentes. De hecho, una de sus figuras más antiguas y relevantes, como Musonio Rufo, ya pronunció una de las frases más definitorias al respecto. “Si logras algo bueno con trabajo duro, el esfuerzo pasa rápidamente, pero el bien perdura. Si haces algo vergonzoso con el objetivo de obtener placer, el placer pasa rápidamente, pero la vergüenza perdura.”
La senda adecuada para alcanzar nuestras metas
Con estas palabras, el filósofo romano lanzaba un mensaje muy claro sobre conseguir nuestros deseos. Y es que la senda más larga, aunque es más dura, también nos otorgará una satisfacción más plena y duradera. Sin embargo, la impaciencia y la codicia pueden empujarnos a tomar desvíos para llegar antes, aunque también nos dirijan hasta nuestra perdición personal.
Es por ello que debemos entrenar nuestra voluntad a base de motivación y disciplina para continuar persiguiendo nuestros sueños de la forma más limpia y sincera posible. Lo contrario podría implicar no solo cumplir nuestros propósitos de una manera tramposa, sino hacer daño a los demás en el proceso ante nuestra falta de empatía.
Y es que no hay mayor logro que conseguir alcanzar nuestros compromisos con la conciencia tranquila y con un sentimiento de orgullo reparador. Por lo que, antes de arrepentirnos de nuestra actitud, es preferible volver a la senda de la dedicación y el trabajo. Y es que cambiar siempre es posible si existe la intención de ello.
Todo ser humano, desde que tiene uso de razón, se plantea diferentes objetivos a cumplir en las diferentes etapas de su vida. Ya seamos niños, adultos o ancianos, todos nos comprometemos personalmente a trabajar por lograr un propósito, independientemente de su dificultad a la hora de hacerlo realidad.