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Sor Marta, monja de clausura: "Se piensa que el Estado o el obispo nos paga un sueldo y somos autónomas"
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La religiosa benedictina de 29 años

Sor Marta, monja de clausura: "Se piensa que el Estado o el obispo nos paga un sueldo y somos autónomas"

La joven que ha completado su proceso de discernimiento vocacional ha decidido explicar cómo se sostiene económicamente una comunidad religiosa

Foto: Marta, religiosa benedictina de 29 años. (Pódcast Doble de Drama)
Marta, religiosa benedictina de 29 años. (Pódcast Doble de Drama)

La imagen de las monjas de clausura viviendo al margen de cualquier obligación fiscal sigue muy extendida. Sin embargo, Marta, religiosa benedictina de 29 años, desmonta uno de los mitos más repetidos: “Se piensa que el Estado o el obispo nos paga un sueldo y somos autónomas”. Su testimonio, difundido en el pódcast Doble de Drama y en sus redes sociales, ha generado sorpresa entre miles de seguidores.

Con más de 100.000 suscriptores en YouTube y 196.000 seguidores en TikTok, Marta se define como “monja feliz” y “misionera digital”. Vive en un convento de clausura de la orden benedictina en Sahagún (León) y ha completado su proceso de discernimiento vocacional. Desde esa realidad, ha decidido explicar cómo se sostiene económicamente una comunidad religiosa.

En el pódcast Doble de Drama, la religiosa responde con naturalidad a una pregunta habitual: “¿Cómo gana dinero una monja?". "Depende mucho. Somos autónomas. Estamos dadas de alta como autónomas”. Ante la sorpresa del entrevistador, añade: “Claro, para luego tener pensión, que si no...”.

Durante la conversación, Marta insiste en que no existe un régimen especial por pertenecer a una comunidad religiosa. “Se piensa que el Estado o el Obispo nos paga un sueldo", explica. Así, las monjas dadas de alta como autónomas cotizan, pagan su cuota mensual de autónoma y el IVA trimestral.

En su cuenta de TikTok detalla cómo se financia su monasterio: “En nuestro monasterio, en concreto, que no damos clase, recibimos dinero de los dulces, del museo, de la cosmética, es decir, de lo que vendemos. Estamos dadas de alta como autónomas y pagamos la Seguridad Social. Cotizamos todos los meses para luego tener jubilación”. La situación puede variar según la actividad de cada comunidad. Si una religiosa trabaja como docente en un colegio, percibe el salario correspondiente a esa función. En otros casos, la economía depende de la producción y venta de bienes elaborados dentro del convento, como ocurre con la repostería artesanal.

La combinación de clausura y redes sociales ha despertado interés. Marta comparte en YouTube, TikTok e Instagram aspectos de su día a día, reflexiones sobre la fe y aclaraciones sobre la vida conventual. Su presencia digital no contradice su vocación contemplativa, sino que la orienta hacia lo que denomina misión evangelizadora en el entorno online.

La imagen de las monjas de clausura viviendo al margen de cualquier obligación fiscal sigue muy extendida. Sin embargo, Marta, religiosa benedictina de 29 años, desmonta uno de los mitos más repetidos: “Se piensa que el Estado o el obispo nos paga un sueldo y somos autónomas”. Su testimonio, difundido en el pódcast Doble de Drama y en sus redes sociales, ha generado sorpresa entre miles de seguidores.

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