Matteo Bassetti, médico, sobre el agua con gas: “Las burbujas relajan el estómago y aumentan la sensación de saciedad”
El médico italiano Matteo Bassetti analiza el impacto del agua con gas en el metabolismo y la saciedad, y aclara si realmente puede ayudar a perder peso o es solo otra moda saludable
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El agua con gas vuelve al centro del debate sobre alimentación saludable y pérdida de peso tras la publicación de un estudio en BMJ Nutrition, Prevention & Health y las declaraciones del médico italiano Matteo Bassetti. ¿Puede esta bebida ayudar a controlar el apetito y mejorar el metabolismo de la glucosa? La respuesta, según el experto, exige matices y sentido común.
El trabajo, liderado por el investigador japonés Akira Takahashi, plantea una hipótesis concreta: el dióxido de carbono presente en el agua con gas podría influir, aunque sea de forma leve, en algunos mecanismos metabólicos relacionados con la glucosa. A partir de esa idea, se ha reabierto una conversación que interesa tanto a quienes buscan adelgazar como a quienes quieren mejorar sus hábitos diarios.
Bassetti, divulgador científico y médico, ha analizado estos datos con cautela. Defiende que las burbujas pueden tener un papel complementario dentro de un estilo de vida saludable, pero huye de los mensajes simplistas. “Comencemos con algo claro”, explica: “No hablamos de una varita mágica. El agua con gas no adelgaza por sí sola. Pero puede ser un pequeño complemento a un estilo de vida saludable”.
Metabolismo y saciedad
El punto de partida está en la hipótesis del dióxido de carbono. Takahashi establece un paralelismo con procesos observados en la diálisis, donde el CO₂ interviene en ciertos intercambios metabólicos. Sobre esta base, Bassetti considera que el planteamiento es plausible, aunque rebaja expectativas: “Si el dióxido de carbono afecta la absorción de glucosa en ese contexto, es plausible que también se produzca un efecto mínimo. Sin embargo, hablamos de cambios modestos, no de resultados clínicamente revolucionarios”.
Más allá del metabolismo, el especialista pone el foco en la saciedad. El efecto mecánico de las burbujas puede distender ligeramente el estómago y enviar antes señales de plenitud al cerebro. “Las burbujas relajan el estómago y aumentan la sensación de saciedad. Si bebo agua con gas antes de comer, podría sentirme más lleno antes y comer menos. No funciona para todos, pero puede ayudar”. Este detalle, aunque sencillo, puede marcar la diferencia en personas que necesitan apoyo para controlar la ingesta.
“No hay necesidad de americanizarse llenando los carritos de la compra con refrescos. A veces, la mejor opción es también la más básica”, afirma Bassetti
El impacto también es conductual. Sustituir refrescos azucarados por agua con gas reduce calorías y azúcares añadidos sin renunciar a una bebida con sensación refrescante. “Hacer que el agua sea más apetecible implica evitar las bebidas azucaradas. Y eso es una gran ventaja. No hay competencia entre un refresco azucarado y el agua con gas”. Aun así, Bassetti recuerda que no todos deberían consumirla: quienes padecen reflujo, úlceras o síndrome del intestino irritable pueden notar un empeoramiento de los síntomas.
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