La humanidad lleva sumida en la búsqueda de la felicidad desde sus mismos registros. La clave para adquirir dicha plenitud es realmente difícil de descifrar, especialmente teniendo en cuenta que cada individuo cuenta con su propia definición de lo que significa este concepto. Sin embargo, aún se sigue conversando sobre ello, incluso entre las figuras más destacadas de diferentes disciplinas.
La filosofía y la psicología son campos en los que se han planteado varias cuestiones al respecto de este asunto. Sin embargo, dicha inquietud llega incluso al mundo del arte y la cultura, con autores que tratan de configurar obras en base a este concepto como propósito definitivo de una trayectoria vital convencional.
Una de las frases que más ha desmoronado la meta de realización personal la dejaba el escritor uruguayo Mario Benedetti. Artífice de un gran legado en forma de libros comoLa tregua y Poemas de amor, pronunció algunas de las palabras más aparentemente opuestas, pero con un profundo sentido al respecto de este asunto. “Nunca pensé que en la felicidad hubiera tanta tristeza”, dejó para la posteridad.
No hay felicidad sin ausencia de la misma
Con dicha oración, Benedetti daba a entender que la felicidad no implicaba la ausencia de tristeza, sino que ambos sentimientos eran complementarios entre sí, evidenciando la imposibilidad de la existencia del uno sin el otro. Y es que, si bien un mundo despojado de melancolía puede parecer un paraíso en un primer momento, podría desembocar en una distopía indeseable para cualquier individuo.
La felicidad está inherentemente unida al concepto de libertad. Y es precisamente la capacidad de decidir y actuar por propia iniciativa la que nos lleva a situaciones en las que los ánimos no son los más elevados. Sin embargo, la eliminación de este libre movimiento y pensamiento es totalmente incompatible con la senda que persigue la plenitud personal.
Estos sentimientos son nuestra cuerda a la que agarrarnos en los momentos más comprometidos. Encontrar tristeza en los instantes más felices de nuestra vida implica, a su vez, toparnos con remansos de esperanza en periodos reinados por la más desagradable desesperación. Alcanzar el equilibrio entre ambas caras de la misma moneda resulta en la verdadera meta a conseguir.
La humanidad lleva sumida en la búsqueda de la felicidad desde sus mismos registros. La clave para adquirir dicha plenitud es realmente difícil de descifrar, especialmente teniendo en cuenta que cada individuo cuenta con su propia definición de lo que significa este concepto. Sin embargo, aún se sigue conversando sobre ello, incluso entre las figuras más destacadas de diferentes disciplinas.