Andrés Piles, piloto: "Un avión puede aterrizar con un solo motor; suena preocupante, pero está todo pensado para que sea seguro"
Un comandante ha desmontado en TikTok uno de los miedos más frecuentes al volar y explica por qué una avería grave no implica necesariamente una situación de peligro.
La imagen inquieta a cualquiera: un avión en el aire y uno de sus motores deja de funcionar. Muchas películas han alimentado durante años la sensación de que algo así sería casi sinónimo de catástrofe. Sin embargo, la realidad técnica es muy distinta. El piloto comercial Andrés Piles ha querido aclararlo en uno de sus vídeos, donde lanza un mensaje directo y tranquilizador: “Un avión puede aterrizar con un solo motor”.
Lejos de restar importancia al impacto emocional que puede generar la idea, el propio comandante reconoce que “suena un poco preocupante”, pero insiste en que “está todo pensado para que sea seguro”. No es una frase lanzada al aire. La aviación comercial se rige por estrictas certificaciones internacionales que obligan a los fabricantes a demostrar que sus aeronaves pueden volar y aterrizar de forma segura incluso si uno de los motores falla.
La mayoría de los aviones comerciales que operan en Europa cuentan con dos motores. Esta configuración no significa que ambos sean imprescindibles al 100% para completar un vuelo. Tal y como explica Piles, si uno deja de funcionar, el otro dispone de potencia suficiente para mantener la aeronave en el aire y permitir un aterrizaje controlado. El aparato no cae en picado ni pierde el control de forma automática.
Eso sí, la situación requiere actuación técnica. Cuando un motor se apaga o pierde empuje, el avión experimenta lo que en aviación se denomina empuje asimétrico. Es decir, el motor que sigue operativo continúa generando fuerza desde un solo lado del fuselaje, lo que tiende a desviar la trayectoria hacia el lado contrario. “Además de perder potencia, el motor del lado que sigue funcionando nos dará un empuje asimétrico”, explica el piloto.
Para contrarrestar ese efecto, los comandantes utilizan el timón de dirección, ubicado en el estabilizador vertical, la gran aleta que se ve en la parte trasera del avión. Este sistema se controla con los pedales situados bajo los pies de los pilotos. Mediante su uso, se compensa la tendencia a girar y se mantiene la aeronave alineada. Es un procedimiento técnico que forma parte del entrenamiento habitual.
La clave está precisamente ahí: en la preparación. Piles recalca que este tipo de incidencias no se deja al azar. “Entrenamos mucho este tipo de situaciones en los simuladores”, asegura. En estos entrenamientos se recrean fallos de motor en distintas fases del vuelo —despegue, crucero o aproximación— para que la respuesta de la tripulación sea inmediata y automática.
Los simuladores permiten practicar escenarios complejos sin riesgo real, repetir maniobras hasta perfeccionarlas y trabajar bajo presión. Cuando un piloto se enfrenta a un fallo real, no es la primera vez que vive esa situación, aunque sea en un entorno virtual. Esa repetición es una de las bases de la seguridad aérea moderna. Además, los protocolos contemplan decisiones adicionales, como desviar el vuelo al aeropuerto más cercano o regresar al punto de origen, dependiendo de las circunstancias. Cada paso está recogido en manuales y procedimientos estandarizados que las tripulaciones siguen con precisión.
La imagen inquieta a cualquiera: un avión en el aire y uno de sus motores deja de funcionar. Muchas películas han alimentado durante años la sensación de que algo así sería casi sinónimo de catástrofe. Sin embargo, la realidad técnica es muy distinta. El piloto comercial Andrés Piles ha querido aclararlo en uno de sus vídeos, donde lanza un mensaje directo y tranquilizador: “Un avión puede aterrizar con un solo motor”.