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Theodor Adorno, filósofo: "Lo que hoy se llama sentido común no es más que el prejuicio de los siglos anteriores"
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Theodor Adorno, filósofo: "Lo que hoy se llama sentido común no es más que el prejuicio de los siglos anteriores"

Adorno pronunció esta idea en distintos textos y conferencias dedicados a la crítica social y cultural, especialmente en el contexto de la posguerra europea, cuando trataba de explicar cómo sociedades aparentemente racionales habían sido capaces de caer

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Theodor Adorno, uno de los grandes filósofos del siglo XX y figura clave de la Escuela de Frankfurt, lanzó una advertencia que sigue resonando hoy: “Lo que hoy se llama sentido común no es más que el prejuicio de los siglos anteriores”. Con esta frase, el pensador alemán cuestionaba la idea de que el sentido común sea neutral o natural, y abría un debate central en la filosofía contemporánea: hasta qué punto nuestras certezas cotidianas están moldeadas por la historia, la cultura y el poder.

Adorno pronunció esta idea en distintos textos y conferencias dedicados a la crítica social y cultural, especialmente en el contexto de la posguerra europea, cuando trataba de explicar cómo sociedades aparentemente racionales habían sido capaces de caer en el totalitarismo. Para él, el nazismo no fue un accidente aislado, sino la consecuencia de estructuras sociales, económicas y culturales profundamente arraigadas. En ese marco, el llamado “sentido común” podía convertirse en un vehículo de conformismo y obediencia ciega.

Cuando Adorno afirma que el sentido común es “el prejuicio de los siglos anteriores”, está señalando que muchas de nuestras opiniones supuestamente evidentes no nacen de un análisis crítico, sino de tradiciones heredadas. Lo que se presenta como obvio —sobre la autoridad, el éxito, la familia o la cultura— suele estar impregnado de ideas transmitidas generación tras generación. Para el filósofo, aceptar esas ideas sin cuestionarlas supone perpetuar esquemas de dominación.

Esta crítica conecta con uno de los ejes centrales de su pensamiento: la teoría crítica. Junto a autores como Max Horkheimer, Adorno defendió que la filosofía debía desenmascarar las formas ocultas de poder presentes en la sociedad moderna. En obras como Dialéctica de la Ilustración, escrita junto a Horkheimer, sostuvo que la razón ilustrada, que prometía emancipación, también había generado nuevas formas de control, especialmente a través de la industria cultural y los medios de comunicación.

Foto: Leo Espluga en el pódcast (YouTube)

La cultura de masas fue otro de sus grandes campos de batalla intelectual. Adorno veía en el cine comercial, la radio o la música popular estandarizada mecanismos que fomentaban la pasividad y reforzaban el pensamiento dominante. Si el público acepta sin resistencia lo que consume, el “sentido común” termina siendo una construcción fabricada, no una verdad espontánea. Por eso insistía en la necesidad de una actitud crítica permanente, incluso frente a lo aparentemente más trivial.

Su filosofía, compleja y a menudo exigente, se articula en torno a la llamada “dialéctica negativa”, una forma de pensar que rehúye las soluciones simples y las síntesis cerradas. Para Adorno, la realidad social está llena de contradicciones que no deben ocultarse bajo fórmulas conciliadoras. Pensar críticamente implica incomodarse, desconfiar de lo obvio y resistirse a aceptar como natural lo que es producto de una historia concreta.

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Décadas después de su muerte en 1969, la frase sobre el sentido común continúa invitando a la reflexión. En un mundo atravesado por redes sociales, polarización y discursos simplificadores, la advertencia de Adorno mantiene su vigencia: lo que parece evidente puede ser, en realidad, la herencia no examinada de viejos prejuicios. Su legado filosófico sigue recordando que la emancipación empieza por cuestionar aquello que todos dan por sentado.

Theodor Adorno, uno de los grandes filósofos del siglo XX y figura clave de la Escuela de Frankfurt, lanzó una advertencia que sigue resonando hoy: “Lo que hoy se llama sentido común no es más que el prejuicio de los siglos anteriores”. Con esta frase, el pensador alemán cuestionaba la idea de que el sentido común sea neutral o natural, y abría un debate central en la filosofía contemporánea: hasta qué punto nuestras certezas cotidianas están moldeadas por la historia, la cultura y el poder.

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