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Paula Orell, psicóloga: "Las tareas de casa se reparten y se hacen como adultos"
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Paula Orell, psicóloga: "Las tareas de casa se reparten y se hacen como adultos"

Una escena cotidiana en consulta sirve a Paula Orell para desmontar uno de los conflictos más repetidos en convivencia: cuando uno organiza y el otro “ayuda”, la relación se convierte en una dinámica de madre e hijo

Foto: Paula Orell en su vídeo de TikTok (@paulaorellpsico)
Paula Orell en su vídeo de TikTok (@paulaorellpsico)

Las discusiones por las tareas del hogar siguen siendo uno de los grandes focos de conflicto en muchas parejas. Paula Orell, psicóloga, lo aborda sin rodeos tras una sesión de terapia que resume un problema muy habitual: cuando uno organiza y el otro obedece —o no—, la relación deja de ser entre adultos.

La profesional relata cómo, nada más ver a la pareja entrar en consulta, percibió que algo no iba bien. Él aseguraba que todo estaba “bien”. Ella, en cambio, no pudo sostener esa versión. “Yo no”, respondió. Cansada, explicó que estaba harta de asumir la carga doméstica: tenía que recordar a su pareja que recogiera, que no dejara los calcetines tirados o que tirara el cartón de leche. Y aunque él prometía hacerlo si se lo pedía, la dinámica se repetía una y otra vez.

Orell validó su agotamiento: “Entiendo perfectamente que te sientas cansadísima”. Después lanzó la pregunta clave que cambió el enfoque de la sesión: “¿Creéis que en las tareas de la casa estáis teniendo una dinámica de pareja o una dinámica de madre e hijo?”. La respuesta fue inmediata. “De madre e hijo”, reconoció ella.

Ahí está el núcleo del conflicto. Cuando una persona asume el rol de organizadora absoluta —decide qué se come, dónde va cada cosa o cómo se hace la cama— y la otra espera instrucciones, la relación se infantiliza. “Las tareas de casa se reparten y se hacen como adultos”, defiende la psicóloga. No se trata solo de colaborar cuando te lo piden, sino de asumir responsabilidad sin supervisión constante.

Foto: Marta Barranco en su vídeo de TikTok (@psicologamartabarranco)

La propuesta de Orell fue clara: dejar de funcionar bajo el esquema de control y obediencia. “Se acabó que uno ponga las normas y el otro las siga”, planteó. A partir de ahora, las decisiones domésticas deben tomarse entre los dos, “con el mismo derecho” para decidir y, por tanto, con la misma obligación para cumplir.

La profesional también fue tajante con la mujer cuando esta interpretó que el problema era suyo. “Tú no eres el problema, tu forma de actuar es parte del problema”, matizó. Es decir, asumir todo el peso perpetúa el desequilibrio. Pero también señaló al hombre: si ella deja de organizar y él no da un paso al frente, nada cambiará.

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El cambio, advierte Orell, no es sencillo. Ella está acostumbrada a que “todo dependa” de su gestión. Él, a no implicarse del todo. Sin embargo, mantenerse en ese esquema tiene un coste alto: resentimiento, desgaste y pérdida de deseo. Además, él “se está perdiendo la oportunidad de ser un adulto funcional”, subraya la psicóloga, y de participar activamente en la construcción de su propio hogar.

Sentarse a hablar como iguales, decidir juntos cómo se hacen las cosas y asumir responsabilidades sin que nadie actúe como supervisor es, según Orell, el primer paso para romper esa dinámica. Cuando derechos y obligaciones se reparten de forma equitativa, la relación deja de parecer una familia descompensada y vuelve a ser una pareja.

Las discusiones por las tareas del hogar siguen siendo uno de los grandes focos de conflicto en muchas parejas. Paula Orell, psicóloga, lo aborda sin rodeos tras una sesión de terapia que resume un problema muy habitual: cuando uno organiza y el otro obedece —o no—, la relación deja de ser entre adultos.

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