Inés Verdugo, odontóloga: "Cuando pierdes un diente, esa zona de tu córtex cerebral se apaga. Hay estudios que lo relacionan con demencia"
Cada pieza dental está conectada con el sistema nervioso y el resto del organismo, hasta el punto de que su pérdida puede tener consecuencias que van mucho más allá de la boca
La boca no es un compartimento aislado del cuerpo. Lo que ocurre entre encías y dientes puede tener consecuencias que van mucho más allá de una caries o un implante. De esto habla en Rompiendo esquemas la odontóloga Inés Verdugo, que en su intervención en el pódcast Rompiendo Esquemas ha lanzado una advertencia que invita a replantear la forma en que cuidamos nuestra salud bucodental: “Cuando pierdes un diente, esa zona de tu córtex cerebral se apaga. Hay estudios que lo relacionan con demencia”.
La especialista insiste en que la salud oral está directamente conectada con el resto del organismo. “La boca no es una isla”, subraya. Las bacterias que proliferan en una encía inflamada pueden pasar al torrente sanguíneo y viajar hasta otros órganos. De hecho, recuerda que se han encontrado bacterias orales en placas de ateroma de arterias coronarias e incluso en cerebros de pacientes con Alzheimer.
Uno de los grandes errores, según Verdugo, es normalizar síntomas que nunca deberían considerarse habituales. “Si ves sangre al orinar te asustas. ¿Por qué no hacemos lo mismo cuando sangran las encías?”, plantea.
Para la odontóloga, el sangrado gingival es una señal clara de inflamación. También lo es la sensibilidad dental o el desgaste prematuro de los dientes. “La boca no debería doler ni molestar. Si la notas, algo está pasando”, advierte.
El problema es que muchas personas conviven durante años con pequeñas molestias que se cronifican. Esa inflamación leve, sostenida en el tiempo, puede tener repercusiones sistémicas: enfermedades cardiovasculares, empeoramiento de la diabetes o procesos neuroinflamatorios.
La caries sigue siendo la enfermedad más prevalente del mundo. Más del 90% de la población la padece en algún momento de su vida. Sin embargo, Verdugo considera que el enfoque tradicional ha sido incompleto.
“Hemos sido reparadores de agujeros, pero no tratamos la enfermedad de base”, explica. La caries no es solo un agujero en el diente, sino el resultado de un desequilibrio en la microbiota oral, alimentado por azúcares fermentables y una higiene deficiente.
Cuando esa disbiosis se mantiene, las bacterias pueden migrar. En pacientes con patologías cardíacas, por ejemplo, una simple limpieza dental puede requerir antibiótico preventivo para evitar una endocarditis bacteriana. “Un flemón puede acabar infectando el corazón”, recalca.
Uno de los aspectos más llamativos de su intervención es la relación entre dientes y cerebro. Cada pieza dental tiene representación en el córtex somatosensorial, la zona cerebral que procesa la información táctil y propioceptiva del cuerpo.
“Cuando pierdes un diente, esa parte del cerebro deja de recibir estímulo”, explica. Y añade: “Hay estudios que asocian la pérdida dental con mayor riesgo de deterioro cognitivo”.
No se trata solo de estética o funcionalidad masticatoria. La masticación activa circuitos neuronales complejos. De hecho, la especialista recuerda que a personas con demencia se les recomienda hacer actividades manuales para estimular el cerebro. Cepillarse correctamente los dientes, sostiene, también forma parte de esa estimulación.
Cómo cepillarse (de verdad) los dientes
Gran parte de los problemas, según Verdugo, no son por higiene sino por no limpiar bien. El error más común es frotar únicamente la parte blanca del diente. “Las bacterias se acumulan en la unión entre diente y encía”, aclara. La técnica adecuada consiste en colocar el cepillo con la mitad del cabezal sobre el diente y la otra mitad sobre la encía, inclinarlo ligeramente y realizar pequeños movimientos circulares suaves.
También recomienda usar filamentos muy blandos y coger el cepillo “como si fuera un bolígrafo”, para evitar ejercer demasiada presión.
El uso de cepillos interdentales, asegura, es incluso más importante que el hilo dental tradicional. “La mayor incidencia de caries en adultos es entre los dientes”, apunta. Y advierte que el sangrado inicial al usar estos cepillos no es señal de daño, sino de inflamación previa.
Incluso bebidas consideradas saludables, como la kombucha o el agua con limón, pueden resultar agresivas para el esmalte si se consumen de forma continuada por su acidez.
La boca no es un compartimento aislado del cuerpo. Lo que ocurre entre encías y dientes puede tener consecuencias que van mucho más allá de una caries o un implante. De esto habla en Rompiendo esquemas la odontóloga Inés Verdugo, que en su intervención en el pódcast Rompiendo Esquemas ha lanzado una advertencia que invita a replantear la forma en que cuidamos nuestra salud bucodental: “Cuando pierdes un diente, esa zona de tu córtex cerebral se apaga. Hay estudios que lo relacionan con demencia”.