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El Trocadero: la matanza que Francia convirtió en monumento junto a la Torre Eiffel
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¿Son los franceses de fiar?

El Trocadero: la matanza que Francia convirtió en monumento junto a la Torre Eiffel

A los pies de la Torre Eiffel, el nombre del Trocadero recuerda una victoria francesa que en España significó derrota, represión y el fin del sueño liberal de 1812. Detrás del monumento se esconde la intervención que devolvió el poder absoluto

Foto: El duque de Angulema en la batalla de Trocadero (Wikimedia)
El duque de Angulema en la batalla de Trocadero (Wikimedia)

"Marge, para mentir, hace falta uno que mienta y otro que escuche", extraído de Los Simpson.

Cerca de la Torre Eiffel, se localiza un extraño homenaje en la plaza del Trocadero en París. Y digo extraño, porque es una afrenta que un país europeo comunitario no debería celebrar ni nombrar y sí readaptarlo a las circunstancias actuales, si es que queremos reciclarnos hacia una Europa verdaderamente unida y sin actualizar los agravios que nos infligimos entre naciones contendientes en el pasado.

Lo que es un homenaje a una victoria francesa sobre un pequeño ejército de resistencia queda expuesto de forma sangrante en lo alto de la colina de Chaillot, lugar conocido como el “Trocadero”, pero lo que oculta esa victoria es algo muy oscuro que deshonra no solamente al ejército francés –y mucho–, sino también a la ignorancia de sus ciudadanos sobre aquel luctuoso acontecimiento. Y luego de esto, se quejan de que los alemanes les hacen pupa cuando les da por invadir Francia...

placeholder La plaza del Trocadero y la Torre Eiffel (iStock)
La plaza del Trocadero y la Torre Eiffel (iStock)

El día 31 de agosto de 1823 se dio una batalla muy desigual en las inmediaciones de Cádiz. Esta batalla entre un poderoso ejército convocado para eliminar a los liberales constitucionalistas aunados en causa común durante el Trienio Liberal (1820-1823) se dio entre un grueso destacamento de los llamados 100.000 hijos de San Luis en favor de la restauración del absolutismo encarnado en el que probablemente haya sido el peor rey de España; aparte de un traidor de manual sin motivos fundados en su venganza, más allá de la impenitente ambición de poder que ya le había enfrentado a su padre Carlos IV y que sería aprovechado por el hombre de la mano en el píloro, de esta manera , Fernando VII, el rey Felón, conseguía con el apoyo de Francia lo que se ha dado en llamar, la «Década Ominosa» (1823-1833). La revolución constitucional se ahogaba en su propia esperanza.

Foto: san-fernando-la-cuna-de-la-primera-constitucion-lleva-el-nombre-de-su-mayor-traidor

Ante la captura de Fernando VII por los liberales revolucionarios radicados en Cádiz, opuestos radicalmente al anacrónico funcionamiento del absolutismo y ante la previsión de quebrar la estabilidad de otros regímenes que operaban dentro de aquel orden demodé, activaron la Santa Alianza, diseñada como una coalición que neutralizara cualquier atisbo de levantamiento liberal contra las monarquías absolutistas prevalentes en aquel escenario europeo.

Cádiz, a la sazón, estaba rodeada de una serie de fortificaciones que configuraban una miríada defensiva aparentemente inexpugnable. Esto sucedía con el famoso puente de Zuazo, del fortín de Sancti Petri y de las defensas de la isla de Trocadero, hoy situada en el entorno de Puerto Real. Esta zona en la actualidad está protegida como ecosistema. Muy temprano, aquel trágico día de agosto de 1823, la infantería al mando del Duque de Angulema tomó por sorpresa a las agotadas tropas españolas, causando una mortandad inmensa. Conforme discurría el día 23 de septiembre y tras un durísimo bombardeo de la ciudad desde las islas aledañas, el ministro de la corte del rey Fernando VII, duque de Valmediano, advirtió a Angulema que el monarca felón había sido liberado e iba en dirección al Puerto de Santa María a reunirse con el general galo.

El adulterado fondo de armario del agravio francés explica parte de la batalla y otra no. Por eso, erigir el Trocadero para conmemorar una batalla que se convirtió en una matanza indiscriminada no es de recibo.

Se dedicaron los ocupantes galos a pasar a la bayoneta hasta cerca de 500 de los soldados que habían declinado seguir combatiendo

Se omite, por ejemplo, que cuando la guarnición de Trocadero se comenzó a recuperar de la rapidez del asaltollevaban diez días bombardeando este baluarte las 24 horas sin cesar–​ (algo así como los Órganos de Stalin en el frente del este durante la II Guerra Mundial), de tal manera que el agotamiento de la tropa española, más allá de la parte psicológica, era extremo. También los cronistas franceses omiten que, una vez rendido el destacamento apostado en el Trocadero y entregadas las armas, se dedicaron los ocupantes galos a pasar a la bayoneta hasta cerca de 500 de los soldados que habían declinado seguir combatiendo. Una matanza fuera de lugar, por supuesto. Algunos oficiales franceses en medio de aquella monumental carnicería intervinieron con suerte varia para detener aquella bestialidad ante soldados indefensos.

Fernando VII tenía más cara que espalda y su nariz era más activa que la de Pinocho; en resumen, era un embustero que no se sonrojaba ante nada. Aprovechó que los franceses estuvieron unos meses en la península antes de retirarse para eludir la escasa calidad de sus promesas y asesinar a más de 25.000 liberales u opositores a su infame figura, entre ellos, el famoso e irredento general Riego. Su compromiso de amnistía quedó en agua de borrajas y la “Pepa”, Constitución de 1812, se esfumó en ese vago estado de amnesia colectiva en el que vivimos los españoles aguantando a los mediocres en la gobernanza y tragando sapos sin parar. No tenemos derecho a quejarnos porque no estamos preparados para tener criterio, ni los de arriba quieren que lo tengamos y, cada vez, vamos a peor; en síntesis, que somos unos pasotas. Así nos va...

"Marge, para mentir, hace falta uno que mienta y otro que escuche", extraído de Los Simpson.

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