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Benjamin Ramírez, médico: "El calcio no se va a fijar a los huesos porque necesitamos una vitamina que habitualmente no consumimos"
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Benjamin Ramírez, médico: "El calcio no se va a fijar a los huesos porque necesitamos una vitamina que habitualmente no consumimos"

El verdadero problema no es cuánto calcio ingerimos, sino qué necesita el organismo para aprovecharlo. Una vitamina poco conocida podría ser la pieza que falta en ese puzle

Foto: El doctor Benjamín Ramírez (Youtube)
El doctor Benjamín Ramírez (Youtube)

El calcio siempre ha sido el gran protagonista cuando se habla de huesos fuertes. Sin embargo, el médico Benjamin Ramírez lanza una advertencia que rompe con esa idea tan extendida: “El calcio no se va a fijar a los huesos porque necesitamos una vitamina que habitualmente no consumimos”. Y esa vitamina, según explica, es la K2.

Durante una de sus conferencias sobre alimentación y enfermedades crónicas, Ramírez —especialista en bioquímica y nutrición humana— insistió en que no basta con aumentar el consumo de lácteos o suplementos de calcio. Para que ese mineral llegue realmente a la matriz ósea, necesita un “director de orquesta” que lo guíe. “Si la vitamina K2 está baja en sangre, ese calcio no se fija en el hueso”, sostiene.

La vitamina K suele asociarse con la coagulación sanguínea. De hecho, fue descubierta hace casi un siglo en estudios relacionados con ese proceso. Pero no todas las formas de vitamina K actúan igual. Ramírez distingue entre la K1, presente sobre todo en vegetales de hoja verde, y la K2, que se encuentra en alimentos grasos de origen animal y que es, según él, la clave para la salud ósea.

“La K2 es esencial para activar proteínas como la osteocalcina, que ayudan a que el calcio se incorpore correctamente al hueso”, explica. Sin esa activación, el calcio puede quedarse circulando en la sangre o, en el peor de los casos, depositarse en las arterias.

El médico advierte que muchas personas han reducido drásticamente el consumo de grasas por miedo al colesterol. Entre los alimentos que han quedado en el punto de mira está la mantequilla. Sin embargo, Ramírez defiende que, utilizada de forma adecuada, puede aportar esa vitamina K2 tan necesaria.

¿Grasa mala o aliada del hueso?

Durante años, el mensaje generalizado ha sido claro: menos grasa en el plato, mejor para el corazón. Pero Ramírez cuestiona esa simplificación. “La grasa no es el enemigo por sí sola”, afirma. Recuerda que la mantequilla, especialmente la clarificada, contiene vitaminas liposolubles como la A, la D, la E y la K2, además de determinados ácidos grasos.

Su argumento es que eliminar por completo estos alimentos puede favorecer la pérdida de masa ósea, sobre todo en personas mayores, mujeres tras la menopausia o pacientes con fracturas recientes. “Cuando dejamos de consumir ciertas grasas y proteínas, nuestra dieta se convierte prácticamente en carbohidratos. Eso no ayuda a reconstruir hueso”, señala.

El médico vincula incluso la falta de vitamina K2 con un mayor riesgo cardiovascular, al no facilitar el correcto manejo del calcio en el organismo. No obstante, este tipo de afirmaciones deben contextualizarse y siempre valorarse junto a un profesional sanitario, ya que cada paciente presenta necesidades y riesgos diferentes.

Otro de los puntos que destaca Ramírez es el papel del intestino. Parte de la vitamina K2 puede generarse a partir de la K1 gracias a la acción de la microbiota intestinal. El problema, según explica, es que el uso frecuente de antibióticos o una flora intestinal alterada pueden dificultar ese proceso.

“Si no tenemos una microbiota sana, no vamos a transformar adecuadamente esa vitamina”, advierte. De ahí que insista en que la salud ósea no depende únicamente de lo que se ingiere, sino también de cómo el cuerpo lo procesa.

Más allá del suplemento de calcio

Tampoco se debe recurrir directamente a pastillas de calcio ante un diagnóstico de osteopenia u osteoporosis. “Tomar calcio no garantiza que se vaya a fijar en el hueso”, recalca. A su juicio, antes de suplementar conviene revisar niveles de vitamina D y K2 y analizar el equilibrio global del organismo.

Y no es necesario preocuparse demasiado, demonizar alimentos ni en seguir dietas restrictivas, sino en comprender el papel de cada nutriente. “No se trata de dejar de comer, sino de aprender a usar bien las moléculas”, resume.

La idea de que un simple ajuste en la alimentación pueda influir en la salud de los huesos resulta atractiva, especialmente en una población cada vez más envejecida y preocupada por las fracturas y la pérdida de masa muscular. Aun así, cualquier cambio importante en la dieta —sobre todo en personas con enfermedades cardiovasculares, insuficiencia renal o tratamientos anticoagulantes— debe realizarse bajo supervisión médica.

El calcio siempre ha sido el gran protagonista cuando se habla de huesos fuertes. Sin embargo, el médico Benjamin Ramírez lanza una advertencia que rompe con esa idea tan extendida: “El calcio no se va a fijar a los huesos porque necesitamos una vitamina que habitualmente no consumimos”. Y esa vitamina, según explica, es la K2.

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