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Alberto Sanagustín, médico: "Si sientes ardor en el pecho o una bola en la garganta, es por una válvula del estómago que no cierra bien"
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Alberto Sanagustín, médico: "Si sientes ardor en el pecho o una bola en la garganta, es por una válvula del estómago que no cierra bien"

Hay síntomas dispersos, aparentemente inconexos, que llevan a muchos a pensar en alergias, estrés o problemas de garganta

Foto: (Youtube | Alberto Sanagustín)
(Youtube | Alberto Sanagustín)

Todo empieza, casi siempre, después de comer. Un calor que sube lentamente por el pecho. O esa sensación extraña en la garganta, como si algo se hubiera quedado atascado y obligara a carraspear antes de hablar. A muchos les dicen que es reflujo; a otros, que son nervios, alergia o una simple molestia sin importancia. Para el médico Alberto Sanagustín, sin embargo, en numerosos casos el origen es el mismo.

El responsable suele ser una pequeña estructura casi desconocida para el gran público: el esfínter esofágico inferior. Funciona como una válvula situada entre el estómago y el esófago, una puerta que debería cerrarse con firmeza para impedir que el contenido gástrico suba. Cuando falla, el ácido —necesario y útil dentro del estómago— empieza a colarse donde no debe, provocando ardor, flema persistente o tos al despertar.

Y es que el estómago no es una simple bolsa, sino un depósito con presión variable, como un globo lleno de líquido y gas. Si se llena demasiado o se somete a presión, el contenido busca salir. Si la válvula está debilitada, la subida es inevitable. Y eso puede ocurrir incluso sin que aparezca la típica acidez: hay personas con reflujo que no sienten quemazón, pero sí molestias continuas en la garganta.

Por eso, el médico advierte de un error frecuente: pensar que el problema es “tener demasiado ácido”. El ácido no es el villano de esta historia. Es imprescindible para la digestión y para protegernos de bacterias. Hay medicamentos, como el omeprazol, que ayudan a reducir el daño cuando existe una lesión, pero no corrigen el problema de base.

Ahí es donde entran los cambios de hábitos. Comer sin llegar al exceso, dejar de hacerlo cuando el cuerpo ya no tiene hambre y evitar grandes volúmenes de líquido durante las comidas reduce la presión dentro del estómago. También importa cuándo y cómo se duerme. Tumbarse sobre el lado izquierdo o elevar ligeramente la cabecera de la cama puede ser una de las medidas más eficaces y olvidadas para evitar el reflujo nocturno.

Foto: (Youtube | Alberto San Agustín)

La menta, el chocolate, el alcohol o el tabaco no siempre provocan acidez inmediata, pero sí relajan la válvula y facilitan que se abra cuando no debería. En fases de síntomas activos, eliminarlos durante un tiempo puede marcar la diferencia. Otros alimentos, como el café o el tomate, generan respuestas muy distintas según la persona y conviene probarlos con cautela.

No todos los casos son iguales ni todos se solucionan de la misma manera. Cuando hay una hernia de hiato importante, el cuidado debe ser más constante. Y si aparecen señales de alarma —dificultad para tragar, dolor torácico intenso, vómitos con sangre o pérdida de peso sin causa aparente—, la consulta médica no puede esperar.

Todo empieza, casi siempre, después de comer. Un calor que sube lentamente por el pecho. O esa sensación extraña en la garganta, como si algo se hubiera quedado atascado y obligara a carraspear antes de hablar. A muchos les dicen que es reflujo; a otros, que son nervios, alergia o una simple molestia sin importancia. Para el médico Alberto Sanagustín, sin embargo, en numerosos casos el origen es el mismo.

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