Tim Chico, cardiólogo: "Algunas personas van al médico por dolor de muelas y descubren que han tenido un infarto silencioso"
Casi un tercio de los ataques al corazón pasan desapercibidos y pueden detectarse meses o años después por síntomas poco claros
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Un dolor de muelas, molestias en la espalda o una sensación persistente de falta de aire pueden parecer problemas menores o ajenos al corazón. Sin embargo, detrás de estos síntomas aparentemente inconexos puede esconderse un episodio cardiovascular que ha pasado desapercibido. Es lo que se conoce como infarto silencioso, una forma de ataque al corazón que no siempre presenta las señales clásicas y que, según los expertos, es más frecuente de lo que se piensa.
El cardiólogo británico Tim Chico ha alertado de que estos infartos “silenciosos” representan aproximadamente un tercio de todos los ataques al corazón. Su particularidad es inquietante: pueden producirse sin el dolor intenso en el pecho que muchas personas asocian automáticamente con un infarto. En algunos casos, no se diagnostican hasta semanas, meses o incluso años después, cuando el paciente acude al médico por otros motivos.
“Algunas personas no recuerdan haber tenido ningún síntoma claro”, explica Chico. Otras, en cambio, consultan por molestias aparentemente alejadas del corazón. “Hay pacientes que van al médico por dolor de muelas, dolor de espalda o porque se sienten mal en general, y tras realizar pruebas como un electrocardiograma o análisis de sangre, se descubre que han sufrido un infarto silencioso”, señala el especialista.
Aunque el término “silencioso” sugiere ausencia total de síntomas, lo cierto es que pueden existir indicios sutiles o persistentes. Entre ellos, el cardiólogo destaca dos que merecen especial atención: el dolor en el pecho —que puede manifestarse como una presión o molestia leve, no necesariamente intensa— y la dificultad para respirar. Estas molestias pueden prolongarse en el tiempo y confundirse con problemas respiratorios, ansiedad o simple cansancio.
El peligro radica en que, al no identificarse como un infarto en el momento en que ocurre, el paciente no recibe tratamiento inmediato. Y en cardiología, el tiempo es determinante. Cuanto antes se administran los fármacos adecuados y se aplican las intervenciones necesarias, menor es el daño al músculo cardíaco y menor el riesgo de complicaciones futuras.
Chico advierte de que retrasar el diagnóstico implica perder la oportunidad de iniciar terapias que reducen tanto el deterioro del corazón como la probabilidad de sufrir un nuevo episodio. De hecho, hay personas que descubren que ya habían tenido un infarto silencioso cuando padecen otro ataque más evidente. Ese segundo evento podría haberse evitado con un seguimiento y tratamiento precoz tras el primero.
No todas las personas presentan el mismo riesgo de sufrir un infarto silencioso. El cardiólogo apunta especialmente a dos grupos. Por un lado, las personas mayores. En edades avanzadas es más frecuente convivir con dolores o limitaciones físicas que pueden enmascarar los síntomas cardíacos. Una ligera falta de aire o una presión en el pecho puede atribuirse al paso de los años o a otras patologías crónicas.
Por otro lado, las personas con diabetes constituyen un colectivo especialmente vulnerable. La enfermedad puede dañar los nervios —lo que se conoce como neuropatía diabética— y reducir la percepción del dolor. Como consecuencia, un infarto puede no generar la típica señal de alarma en forma de dolor torácico intenso, lo que retrasa la consulta médica.
Ante este escenario, los especialistas insisten en la relevancia de las revisiones médicas periódicas, sobre todo en personas con factores de riesgo cardiovascular como hipertensión, colesterol elevado, tabaquismo, obesidad o antecedentes familiares de enfermedad cardíaca. Un electrocardiograma rutinario o determinados análisis pueden revelar cicatrices en el corazón compatibles con un infarto previo.
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Un dolor de muelas, molestias en la espalda o una sensación persistente de falta de aire pueden parecer problemas menores o ajenos al corazón. Sin embargo, detrás de estos síntomas aparentemente inconexos puede esconderse un episodio cardiovascular que ha pasado desapercibido. Es lo que se conoce como infarto silencioso, una forma de ataque al corazón que no siempre presenta las señales clásicas y que, según los expertos, es más frecuente de lo que se piensa.