Es noticia
Riat Ismagilov, experto dental: "Antes de ponerse un implante, hay que estar preparado para la posibilidad de que no se integre"
  1. Alma, Corazón, Vida
salud dental

Riat Ismagilov, experto dental: "Antes de ponerse un implante, hay que estar preparado para la posibilidad de que no se integre"

Detrás de una técnica con altas tasas de éxito existen matices clínicos, tiempos de espera y posibles complicaciones que conviene conocer

Foto: Riat Ismagilov (Youtube)
Riat Ismagilov (Youtube)

Cada año, miles de personas optan por los implantes dentales como solución definitiva a la pérdida de uno o varios dientes. La intervención promete recuperar la funcionalidad y la estética, y en la mayoría de los casos lo consigue. Sin embargo, los especialistas insisten en que no todo el mundo conoce los matices del procedimiento.

“Antes de ponerse un implante, hay que estar preparado para la posibilidad de que no se integre”, advierte el experto dental Riat Ismagilov, que subraya la importancia de una información clara y realista antes de pasar por quirófano.

Un implante dental es, en esencia, una raíz artificial —generalmente de titanio— que se inserta en el hueso maxilar o mandibular. Sobre esa base se coloca más adelante un pilar y, finalmente, la corona que imita al diente natural. Aunque el procedimiento de colocación puede durar apenas unos minutos, el proceso completo requiere tiempo.

Tras la intervención comienza una fase clave: la osteointegración. Durante dos o tres meses —y en algunos casos hasta seis— las células óseas crecen alrededor del implante y lo fijan al hueso. “Al principio, el implante se sostiene mecánicamente por la rosca. Es con el paso de las semanas cuando el hueso se integra en su superficie y se logra una unión sólida”, explica Ismagilov.

Ese periodo de espera puede implicar también incomodidades. La inflamación suele alcanzar su punto máximo en torno al tercer día después de la cirugía y luego disminuye progresivamente. En algunos casos es posible colocar una prótesis provisional inmediata, pero no siempre es viable, por lo que el paciente debe asumir que puede estar un tiempo sin la pieza definitiva.

Aunque la tasa de éxito de los implantes es elevada —entre el 98% y el 99% según distintas series clínicas— existe un pequeño porcentaje en el que el implante no se integra correctamente. Las causas pueden ser variadas: desde características individuales del organismo hasta enfermedades que interfieren en la cicatrización o en el metabolismo óseo.

Entre las principales contraindicaciones figuran la diabetes descompensada, determinadas enfermedades oncológicas en tratamiento activo, el uso de bifosfonatos —fármacos empleados en osteoporosis y algunos cánceres—, estados de inmunodeficiencia y la edad inferior a 18 años, cuando el desarrollo del sistema óseo aún no ha concluido.

Si el implante fracasa, el protocolo habitual incluye su retirada, la limpieza de la zona y, según el caso, la colocación de un nuevo implante de forma inmediata o tras un periodo de cicatrización. “No es lo habitual, pero puede ocurrir. Por eso es fundamental que el paciente lo sepa desde el principio”, insiste el especialista.

Pese a estos riesgos, la implantología ha supuesto un avance importante frente a soluciones clásicas como los puentes, que obligan a tallar los dientes adyacentes. Con un implante, las piezas vecinas se conservan intactas y, además, el hueso recibe carga funcional, lo que ayuda a prevenir su reabsorción.

Cada año, miles de personas optan por los implantes dentales como solución definitiva a la pérdida de uno o varios dientes. La intervención promete recuperar la funcionalidad y la estética, y en la mayoría de los casos lo consigue. Sin embargo, los especialistas insisten en que no todo el mundo conoce los matices del procedimiento.

Salud