Durante décadas se ha repetido que el desayuno es la comida más importante del día, pero el farmacéutico y experto en nutrición Javier Fernández Ligero propone una visión diferente. Según sostiene, retrasar el desayuno puede ser una estrategia eficaz para comenzar la jornada, especialmente en determinados objetivos físicos. Su planteamiento se apoya en estudios sobre ayuno intermitente y en investigaciones que analizan la autofagia, un proceso vinculado a la renovación celular. En cualquier caso, insiste en que cada persona debe adaptar esta pauta a su contexto.
“Retrasar el desayuno es uno de los puntos fundamentales para promover la pérdida de peso”, afirma el especialista. De acuerdo con su explicación, aplazar la primera comida alrededor de dos horas puede estimular al organismo a movilizar energía. En ese escenario, el cuerpo activa mecanismos metabólicos para obtener combustible, lo que favorecería el uso de reservas de grasa acumuladas. No obstante, recuerda que no todos los perfiles responden igual.
Fernández Ligero añade que este efecto puede potenciarse si, durante ese tiempo en ayunas, se realiza actividad física ligera, como una caminata. “Si, además, en ese rato lo acompañas con una pequeña caminata, esa pérdida de grasa va a ser todavía más eficiente”, señala. Esta combinación, según explica, optimizaría el gasto energético en las primeras horas del día. Aun así, recalca que no es lo mismo aplicar esta estrategia en una fase de definición que en un proceso de ganancia de masa muscular.
En cambio, advierte de que desayunar nada más levantarse y optar por bollería, tostadas refinadas u otros hidratos de carbono simples puede generar un pico elevado de insulina desde primera hora. Ese aumento brusco condiciona la respuesta metabólica posterior. Por ello, el debate no se limita a la hora del desayuno, sino también a la calidad nutricional de los alimentos elegidos para romper el ayuno.
Durante décadas se ha repetido que el desayuno es la comida más importante del día, pero el farmacéutico y experto en nutrición Javier Fernández Ligero propone una visión diferente. Según sostiene, retrasar el desayuno puede ser una estrategia eficaz para comenzar la jornada, especialmente en determinados objetivos físicos. Su planteamiento se apoya en estudios sobre ayuno intermitente y en investigaciones que analizan la autofagia, un proceso vinculado a la renovación celular. En cualquier caso, insiste en que cada persona debe adaptar esta pauta a su contexto.