El debate sobre la vivienda y el turismo vuelve a situar a Airbnb en el centro de la polémica. Jaime Rodríguez de Santiago, director general de la plataforma en España y Portugal, defiende que señalar al alquiler de corta duración como principal responsable del encarecimiento de los pisos es una simplificación que no resuelve el problema de fondo. “Se ataca a la actividad, pero gracias a ella mucha gente puede pagar sus casas cuando no está allí”, asegura.
Rodríguez participó recientemente en el pódcast Vidas Contadas y habló tanto de su trayectoria profesional como de su visión sobre la crisis habitacional en España. En un momento de creciente presión regulatoria —con ciudades como Barcelona anunciando la eliminación de las licencias turísticas en 2028—, el directivo sostiene que el foco del debate está desviado.
España recibe cerca de 100 millones de turistas al año y el turismo representa alrededor del 12% del PIB. Para Rodríguez, este contexto obliga a tener un debate profundo sobre el modelo turístico, pero no a buscar culpables fáciles.
“Aunque se eliminaran todas las viviendas de uso turístico del sur de España, el problema de la vivienda no iba a cambiar”, afirma. A su juicio, el origen de la crisis está más relacionado con la falta de oferta y con decisiones urbanísticas acumuladas durante años que con el peso del alquiler vacacional.
El CEO de Airbnb aporta cifras para contextualizar el impacto real del sector: el alquiler de corta duración representa aproximadamente el 0,5% del parque total de viviendas en España, y entre el 1% y el 1,2% en ciudades como Madrid o Barcelona. “Los números no encajan con esa culpabilidad”, sostiene.
Una herramienta para pagar la hipoteca
Rodríguez insiste en que el debate no distingue entre grandes operadores y particulares. “Estamos metiendo en el mismo grupo a quien explota edificios enteros y a quien alquila su vivienda habitual unos días al año”, señala.
En países como Francia, explica, sí existe una diferenciación regulatoria clara entre vivienda habitual y actividad profesional intensiva. En París, por ejemplo, es habitual que los propietarios alquilen su casa durante periodos limitados para complementar ingresos. “Aquí, cuando atacamos la actividad, estamos retirando una herramienta que permite a muchas personas afrontar el pago de su casa”, defiende.
Desde su punto de vista, prohibir de forma generalizada no resolverá la tensión del mercado. “Aunque desaparecieran todos los pisos turísticos, el precio del alquiler no bajaría de forma sustancial”, apunta.
La decisión del Ayuntamiento de Barcelona de no renovar las licencias de pisos turísticos a partir de 2028 ha reavivado la confrontación. Rodríguez evita el tono beligerante, pero plantea interrogantes. “La pregunta no es qué le va a pasar a Airbnb, que es una compañía global. La pregunta es qué va a pasar con Barcelona”, afirma.
Recuerda que otras ciudades que han aplicado restricciones severas no han logrado abaratar la vivienda. En Nueva York, tras endurecer la normativa, los precios del alquiler han seguido subiendo y los hoteles han incrementado sus tarifas. Además, parte de la actividad ha derivado hacia la informalidad.
“Si existe demanda es porque responde a una necesidad”, explica. Familias que viajan con niños, personas que se desplazan por trabajo o estancias largas encuentran en el alquiler de corta duración una alternativa distinta al hotel tradicional.
Turismo, dispersión y España rural
Lejos de limitar el debate a los centros urbanos, el directivo defiende que la plataforma puede jugar un papel en la revitalización de zonas despobladas. “No puedes poner un hotel en cada pueblo de la España vaciada, pero sí puedes habilitar el alquiler de corta duración”, argumenta.
A su juicio, una regulación “inteligente” permitiría distribuir mejor la presión turística, trasladando parte del flujo desde los centros saturados hacia áreas rurales donde el turismo supone una de las pocas fuentes de ingresos.
Rodríguez reconoce que el crecimiento turístico ha sido rápido y poco planificado, lo que ha generado externalidades indeseadas. Pero insiste en que la solución no pasa por enfoques binarios. “La realidad no encaja bien con respuestas de blanco o negro”, sostiene.
Durante la conversación, el CEO también reflexionó sobre el clima político. Considera que los responsables públicos tienen incentivos para ofrecer respuestas rápidas a problemas complejos, incluso si no son estructurales. “Es más fácil identificar a un culpable que asumir que la solución es lenta y requiere reformas profundas”, dice.
El debate sobre la vivienda y el turismo vuelve a situar a Airbnb en el centro de la polémica. Jaime Rodríguez de Santiago, director general de la plataforma en España y Portugal, defiende que señalar al alquiler de corta duración como principal responsable del encarecimiento de los pisos es una simplificación que no resuelve el problema de fondo. “Se ataca a la actividad, pero gracias a ella mucha gente puede pagar sus casas cuando no está allí”, asegura.