Ainhoa Vila, psicóloga, ha puesto palabras a una sensación muy común: sentirse culpable justo cuando una persona intenta priorizarse. En una reflexión divulgativa, la experta sostiene que la baja autoestima no siempre nace de “no valorarse”, sino de una reacción aprendida del cuerpo. “Tu baja autoestima no aparece porque no te valores, sino que aparece porque cada vez que te estás priorizando tu cuerpo lo interpreta como si estuvieras rompiendo una regla”, afirma.
La idea, que la psicóloga explica desde la psicología, la ciencia y la conducta, parte de algo cotidiano: decir que no, pedir un favor, marcar un límite o reclamar tiempo para uno mismo. En muchas personas, esos gestos activan malestar inmediato. No porque estén haciendo algo mal, sino porque el sistema nervioso reacciona como si esa decisión implicara un riesgo.
Para ilustrarlo, Vila recurre a una comparación muy visual. “Es como intentar hablar en una biblioteca donde antes siempre te mandaban callar”, señala, describiendo cómo el cuerpo puede interpretar la autoafirmación como una transgresión.
La culpa condicionada y el miedo a pedir
Ainhoa Vila encuadra este fenómeno en lo que denomina “la conducta de culpa condicionada”. “Porque si pedir en su momento fue algo peligroso, y te castigaban, el cuerpo obviamente va a aprender a rebajarse”, explica. La lógica es sencilla: si expresar una necesidad tuvo consecuencias negativas, el organismo aprende a asociar el acto de pedir con amenaza.
Ese aprendizaje no se limita a la infancia como un recuerdo mental, sino que queda grabado como respuesta corporal. Por eso, cuando en la adultez se intenta repetir la conducta de priorizarse, el cuerpo responde con culpa, tensión o necesidad de justificarlo todo. En la práctica, esto se traduce en comportamientos que muchas personas reconocen: explicar de más, disculparse antes de hablar, minimizar lo que se siente o ceder para evitar conflicto. La autoestima se resiente no por falta de voluntad, sino porque el cuerpo sigue obedeciendo una norma antigua.
La psicóloga sugiere mirar con más perspectiva ese impulso a ceder. Rebajarse, callar o anteponer al otro pudo ser, en su momento, una forma de protegerse. El problema aparece cuando ese patrón se mantiene en relaciones y escenarios donde ya no es necesario. En esos casos, priorizarse no se vive como un derecho, sino como una falta. Y el cuerpo actúa como un “alarma”: si antes pedir traía castigo, ahora pedir activa culpa, aunque el contexto sea distinto.
Ainhoa Vila insiste en una idea clave: el objetivo no es volverse frío o agresivo, sino recuperar la capacidad de pedir sin desaparecer. “Y quiero que te quedes con esto. No necesitas volverte duro o dura. Necesitas poder pedir sin desaparecer en disculpas”, concluye.
Ainhoa Vila, psicóloga, ha puesto palabras a una sensación muy común: sentirse culpable justo cuando una persona intenta priorizarse. En una reflexión divulgativa, la experta sostiene que la baja autoestima no siempre nace de “no valorarse”, sino de una reacción aprendida del cuerpo. “Tu baja autoestima no aparece porque no te valores, sino que aparece porque cada vez que te estás priorizando tu cuerpo lo interpreta como si estuvieras rompiendo una regla”, afirma.