Las ventanas del hogar cumplen una función esencial en el aislamiento térmico y acústico, pero en muchas viviendas de España su mala regulación pasa inadvertida durante años. Cuando no ajustan correctamente, aparecen corrientes de aire en invierno o una sensación de calor excesivo en verano, lo que reduce el confort dentro de la vivienda.
Este problema repercute directamente en el consumo energético. Una ventana que no cierra bien provoca pérdidas constantes de temperatura, obligando a la calefacción o al aire acondicionado a funcionar durante más tiempo del necesario. Como consecuencia, las facturas de la luz y el gas aumentan sin que muchas personas sean conscientes del motivo real.
Más allá de la temperatura, una regulación deficiente afecta al aislamiento acústico. El ruido del exterior entra con mayor facilidad, algo especialmente molesto en zonas urbanas o cercanas a carreteras. Además, un sellado deficiente puede generar filtraciones de agua, facilitar la entrada de polvo e insectos y deteriorar marcos, paredes o suelos.
Para comprobar y corregir esta situación, el creador de contenido Olariu Valentín (@trucorumano_official) ha compartido un truco casero sencillo. En uno de sus vídeos explica que basta con retirar los tornillos de la caja de la persiana, sacarla tirando hacia fuera y aplicar espuma aislante en la parte superior e inferior, sin excederse. Tras volver a colocar la cuerda y cerrar la caja, se reduce la entrada de aire y se evita gastar dinero de más en climatización.
Las ventanas del hogar cumplen una función esencial en el aislamiento térmico y acústico, pero en muchas viviendas de España su mala regulación pasa inadvertida durante años. Cuando no ajustan correctamente, aparecen corrientes de aire en invierno o una sensación de calor excesivo en verano, lo que reduce el confort dentro de la vivienda.