Leo Espluga, filósofo: "No monetices lo que te apasiona"
Leo Espluga cuestiona uno de los dogmas más asentados del presente: la idea de que todo talento, afición o pasión debe convertirse en dinero. El filósofo defiende la necesidad de proteger espacios no productivos como una forma de descanso y resistencia
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Leo Espluga ha vuelto a agitar el debate sobre el sentido del trabajo, el dinero y las pasiones personales con una reflexión que choca de frente con uno de los mantras más repetidos de nuestro tiempo: la obligación de monetizarlo todo. El filósofo cuestiona, en el pódcast 'Sabor a Queer', abiertamente esa lógica y lanza una advertencia clara: convertir cada afición en una fuente de ingresos puede acabar vaciándola de sentido.
En un vídeo que se ha difundido ampliamente en redes sociales, Espluga parte de un discurso muy reconocible. “Si sabes algo, monetízalo. Monetiza tus pasiones, tus hobbies, monetízalo todo”, enumera, para después desmontar esa idea desde dentro. Frente a esa presión constante por transformar cualquier interés en rendimiento económico, el filósofo reivindica el valor de aquello que se hace sin cálculo ni beneficio.
@saboraqueer No hay que monetizar lo que te apasiona, como bien dice @Leo espluga en nuestro nuevo episodio de Sabor a Queer #lgbt #monetisation #contentcreator #filosofia #musica ♬ original sound - SABOR A QUEER
Su experiencia personal es clave en este planteamiento. La filosofía, explica, dejó hace tiempo de ser solo un hobby para convertirse en su trabajo. Por eso ha decidido proteger otro ámbito de su vida con una convicción casi militante. “La música es mi hobby y me niego a monetizarlo”, afirma en el pódcast. No solo eso: reconoce que incluso invierte en ella “dinero que no me puedo gastar”, precisamente porque ese espacio está “radicalmente protegido de cualquier dinámica de extracción de valor”.
Lejos de entenderlo como una pérdida, Espluga le da la vuelta al razonamiento dominante. Gastarse tiempo y energía en algo que no produce dinero, sostiene, no es un fracaso, sino una forma de descanso real. “Agotarte por una causa inútil, en un sentido capitalista, es maravilloso”, señala, porque permite escapar de la lógica productiva que invade cada rincón de la vida cotidiana.
El filósofo apunta directamente a la cultura de la marca personal y al “mundillo” de la autoexplotación permanente como uno de los grandes problemas contemporáneos. Según su análisis, ese discurso introduce “una manera de pensar completamente perversa”, en la que el valor de las personas y de sus intereses queda reducido a su capacidad de generar ingresos o visibilidad.
La reflexión conecta con debates filosóficos clásicos sobre el ocio, el tiempo libre y la alienación, pero también con preocupaciones muy actuales. En una sociedad donde la frontera entre trabajo y vida personal es cada vez más difusa, Espluga plantea una resistencia sencilla, pero profunda: defender espacios no rentables como una forma de libertad.
Su mensaje no es una llamada al rechazo del trabajo ni del dinero, sino a poner límites. A recordar que no todo debe ser optimizado, vendido o convertido en contenido. A veces, sostiene el filósofo, lo verdaderamente valioso es aquello que no sirve para nada… salvo para hacernos descansar de verdad.
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