Fer, biotecnólogo viviendo en Suiza: "Yo cobraba 2500 francos que no es nada, pero pensaba que era mucho"
Cobrar 2.500 francos al mes parecía una oportunidad difícil de rechazar, pero la realidad fue muy distinta. Fer relata cómo ese sueldo apenas le daba para cubrir gastos básicos
Fer, biotecnólogo español afincado en Suiza, ha puesto palabras a una sensación que muchos emigrantes reconocen al escucharse en el pódcast 'FirstStepSwiss': la distancia entre lo que parece un buen sueldo y lo que realmente da para vivir en uno de los países más caros de Europa. “Yo cobraba 2.500 francos que no es nada, pero pensaba que era mucho”, relata al recordar sus primeros meses fuera de España.
Ese salario, explica, era en bruto y se quedaba en unos 2.300 francos netos. De ahí salía un alquiler de 1.050 francos, una cifra que ya marcaba el día a día. “Ibas al Lidl y te gastabas 10 francos en unas pechugas de pollo”, cuenta, hasta el punto de replantearse hábitos tan básicos como la alimentación. “Pensaba: a lo mejor no puedo comer tanta carne”, admite.
El choque no fue solo económico. Fer se mudó solo a un pueblo de apenas 600 habitantes, en mitad de los Alpes suizos, sin haber investigado demasiado el destino. “Firmé el contrato sin saber dónde estaba el pueblo”, reconoce, explicando que al buscarlo por primera vez en internet apenas encontró imágenes de la empresa donde iba a trabajar.
Con el paso de las semanas, la realidad se impuso. “Vi que los 2.500 francos eran ridículos”, afirma. El sueldo le permitía cubrir las necesidades básicas, poco más. Alguna escapada puntual a esquiar y poco margen para socializar en un entorno donde estaba completamente solo.
Ese aislamiento marcó especialmente los primeros meses. “Los dos primeros meses fueron bastante jodidos”, confiesa. Su rutina se limitaba a ir al trabajo y volver a casa, sin vida social ni planes fuera del horario laboral. Un periodo duro que, según cuenta, fue clave para entender no solo el coste de la vida en Suiza, sino también el impacto emocional de emigrar sin una red de apoyo.
Su testimonio, compartido ahora en 'FirstStepSwiss', pone el foco en una realidad menos idealizada de la emigración: sueldos que sobre el papel parecen altos, pero que en el día a día apenas dejan margen, especialmente cuando se llega solo y a un entorno completamente desconocido.
Fer, biotecnólogo español afincado en Suiza, ha puesto palabras a una sensación que muchos emigrantes reconocen al escucharse en el pódcast 'FirstStepSwiss': la distancia entre lo que parece un buen sueldo y lo que realmente da para vivir en uno de los países más caros de Europa. “Yo cobraba 2.500 francos que no es nada, pero pensaba que era mucho”, relata al recordar sus primeros meses fuera de España.