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Laura Pinillas, bióloga: "Si quieres que tus manos dejen de oler a ajo tras cortarlo en crudo, te enseño unos trucos"
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Ciencia cotidiana en la cocina

Laura Pinillas, bióloga: "Si quieres que tus manos dejen de oler a ajo tras cortarlo en crudo, te enseño unos trucos"

Cortar ajo es un gesto cotidiano, pero el olor que deja suele convertirse en un suplicio difícil de eliminar. La bióloga explica qué ocurre a nivel químico cuando se manipula, por qué algunos hábitos empeoran el problema y qué funciona para acabar con su

Foto: Laura Pinillas en su vídeo de TikTok (@celulau.bio)
Laura Pinillas en su vídeo de TikTok (@celulau.bio)

Laura Pinillas, bióloga y divulgadora científica, ha puesto explicación —y solución— a uno de esos pequeños misterios cotidianos que desesperan en la cocina: por qué el olor a ajo se queda en las manos incluso después de lavarlas. En uno de sus vídeos, la experta desgrana qué ocurre a nivel químico cuando cortamos ajo crudo y qué errores cometemos al intentar eliminar ese aroma persistente.

Según explica Pinillas, todo empieza en el momento del corte. Al romperse las células del ajo, se libera una enzima que entra en contacto con una molécula que, por sí sola, no huele. De esa reacción nace la alicina, “una sustancia muy inestable que se descompone en compuestos orgánicos de azufre volátiles”, responsables directos del característico olor. El problema es que estos compuestos no se eliminan fácilmente con agua.

El motivo está en la piel. La bióloga aclara que estos compuestos de azufre se absorben con facilidad por los queratinocitos, las células más abundantes de la epidermis, y tienen especial afinidad por las proteínas de la queratina. Por eso, el olor no se queda solo en la superficie: se engancha químicamente a nuestras manos.

Aquí llega uno de los fallos más habituales. Frotarse las manos con fuerza o usar agua caliente no ayuda, sino todo lo contrario. “Si frotas las manos, produces microdesgarros que actúan como reservorio”, advierte Pinillas, permitiendo que el olor penetre más. El agua caliente, además, abre los poros y facilita que esos compuestos se introduzcan todavía más en la piel.

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Entonces, ¿qué se debe hacer? La experta propone una solución sencilla y basada en química básica. El primer paso es pasar los dedos por agua fría sin frotar, para evitar que el olor se fije más. No es el método más eficaz, pero sí el más rápido para reducir la intensidad.

El truco más eficaz llega con un objeto muy común en la cocina: el acero inoxidable. “Los compuestos de azufre tienen más afinidad por el hierro y el cromo del acero que por las moléculas de nuestra piel”, explica. Por eso, frotar suavemente los dedos con un objeto de acero inoxidable, como una cuchara, bajo un chorro de agua fría ayuda a que el olor se vaya con el metal.

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Pinillas insiste en que no se trata de magia ni de remedios caseros sin base, sino de entender cómo interactúan las moléculas. Y lanza una advertencia final con tono cercano: “Te aseguro que, cuando piques ajo, te acordarás de mí”. La próxima vez que el olor persista, la ciencia ya tiene la respuesta y la solución.

Laura Pinillas, bióloga y divulgadora científica, ha puesto explicación —y solución— a uno de esos pequeños misterios cotidianos que desesperan en la cocina: por qué el olor a ajo se queda en las manos incluso después de lavarlas. En uno de sus vídeos, la experta desgrana qué ocurre a nivel químico cuando cortamos ajo crudo y qué errores cometemos al intentar eliminar ese aroma persistente.

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