Relacionarse y establecer vínculos con los demás está muy bien en la teoría, pero... ¿Puede llegar a agotarnos?. En un contexto marcado por redes sociales, opiniones constantes y una hiperexposición casi permanente, la experta lanza una idea clara que conecta con la ciencia y con la experiencia clínica: el cerebro humano tiene límites y no está diseñado para sostener miles de vínculos a la vez.
Cardala recuerda que, desde un punto de vista biológico, las personas estamos preparadas para mantener relaciones significativas con un número reducido de individuos. “Hablamos de un máximo de unas 150 personas, y dentro de ese grupo solo cinco o diez forman el círculo verdaderamente cercano”, explica. Más allá de esa cifra, la calidad del vínculo se diluye y aparecen efectos secundarios como la saturación mental, la comparación constante y el desgaste emocional.
La psicóloga advierte de un deterioro preocupante de la salud mental, con un aumento de la ansiedad, la depresión y las autolesiones. Y es que, por mucho que la tecnología avance, el cerebro no está preparado para recibir opiniones continuas de cientos o miles de personas.
Revisar cómo nos relacionamos y con quién es importante. La clave no está en acumular contactos porque sí, sino en cuidar los vínculos que realmente importan. “La felicidad depende de la calidad de nuestras relaciones y de la coherencia con nuestros valores”, apunta, en línea con estudios psicológicos de largo recorrido.
Otro de los pilares que defiende es la necesidad de aprender a poner límites, tanto en lo personal como en lo digital. Saber decir que no, gestionar conversaciones incómodas y proteger la propia dignidad son habilidades esenciales para mantener relaciones sanas. Cardala subraya que la asertividad y la empatía no solo mejoran la convivencia, sino que también refuerzan la autoestima y el bienestar emocional.
La psicóloga también reivindica una educación emocional desde la infancia. A su juicio, entender las emociones, saber expresarlas y reconocer las de los demás debería enseñarse en la escuela con la misma importancia que las matemáticas. Esta carencia, unida al impacto de la pandemia y al uso intensivo de las redes, ha dejado a muchos jóvenes sin herramientas para gestionar el malestar.
En un mundo que premia la visibilidad y la conexión constante, el mensaje de Alba Cardala invita a ir a contracorriente: menos ruido, menos comparaciones y más relaciones reales.
Relacionarse y establecer vínculos con los demás está muy bien en la teoría, pero... ¿Puede llegar a agotarnos?. En un contexto marcado por redes sociales, opiniones constantes y una hiperexposición casi permanente, la experta lanza una idea clara que conecta con la ciencia y con la experiencia clínica: el cerebro humano tiene límites y no está diseñado para sostener miles de vínculos a la vez.