Charlie Sarria, biólogo marino: "El unicornio existe, pero no vive en cuentos... vive bajo el hielo del Ártico"
Un diente de tres metros, millones de terminaciones nerviosas y una vida bajo el hielo del Ártico. El biólogo marino explica por qué el narval, conocido como el unicornio del océano, es una de las especies más extraordinarias y amenazadas del planeta
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Charlie Sarria, biólogo marino y divulgador científico, ha vuelto a captar la atención en redes con una afirmación tan llamativa como precisa desde el punto de vista científico: “El unicornio existe, pero no vive en cuentos… vive bajo el hielo del Ártico”. Con esa frase introduce al gran protagonista de su último vídeo divulgativo: el narval, uno de los cetáceos más singulares —y menos comprendidos— del planeta.
Conocido como Monodon monoceros, el narval es apodado desde hace siglos como el unicornio del océano por el largo colmillo que sobresale de su cabeza. Sin embargo, como explica Sarria, “ese cuerno no es un cuerno”, sino “un único diente incisivo que puede superar los tres metros de longitud y atravesar el labio en forma de espiral”. Durante años se pensó que servía para combatir o para atraer a las hembras, pero la ciencia ha descubierto una función mucho más compleja.
@charliesarria96 El unicornio existe? Pero no vive en cuentos… vive bajo el hielo del Ártico. El narval (Monodon monoceros) es uno de los cetáceos más extremos del planeta. Su “cuerno” no es un cuerno: Es un diente de hasta 3 metros lleno de terminaciones nerviosas que le permite detectar cambios de temperatura, salinidad y presión del agua. Literalmente puede sentir el océano ? Gracias a eso caza a más de 1.500 metros de profundidad, entre oscuridad total, conectando el fondo marino con la superficie y manteniendo el equilibrio del ecosistema ártico. Pero depende completamente del hielo para respirar y refugiarse de depredadores? Y ese hielo está desapareciendo ?️ El Ártico se calienta 4 veces más rápido que el resto del planeta. Menos hielo = más ruido, más barcos, más amenazas. Si ellos desaparecen, algo mucho más grande está fallando. Proteger el Ártico no es salvar un mito.Es proteger el equilibrio del planeta ?? #ciencia #buceo #oceano #curiosidades #aprendetiktok ♬ sonido original - Charlie Sarria
Ese colmillo está recubierto por millones de terminaciones nerviosas que convierten al narval en un auténtico sensor viviente. Según detalla el biólogo marino, funciona como “un sistema capaz de detectar cambios de temperatura, salinidad y presión”, lo que permite al animal orientarse y sobrevivir en uno de los entornos más extremos del planeta. “Literalmente puede sentir el océano”, resume Sarria.
Gracias a esa capacidad, el narval se sumerge cada día a profundidades que superan los 1.000 metros —y en algunos casos alcanzan los 1.500— para cazar fletanes, bacalaos árticos o calamares, en completa oscuridad. Su papel ecológico es clave: actúa como un depredador que conecta el fondo marino con la superficie, trasladando energía entre distintos niveles del ecosistema ártico.
La vida del narval está íntimamente ligada al hielo. Pasa todo el año entre placas heladas, con largos periodos de oscuridad y temperaturas bajo cero. Las grietas del hielo son su única vía para respirar y, al mismo tiempo, su refugio frente a depredadores como las orcas. Vive en grupos familiares, se comunica mediante clics y silbidos —como otros cetáceos— y memoriza rutas migratorias que se transmiten de generación en generación.
Esa especialización extrema es también su mayor amenaza. “El Ártico se está calentando cuatro veces más rápido que el resto del planeta”, advierte Sarria, lo que implica menos hielo, más tráfico marítimo, más ruido submarino y una mayor presión sobre la especie. El narval está, literalmente, diseñado para un mundo que está desapareciendo.
Lejos de la fantasía, el llamado unicornio del océano es real, vulnerable y fundamental para el equilibrio del Ártico. “Quizá los verdaderos unicornios no viven en los cuentos, sino bajo el hielo”, concluye el divulgador, recordando que el futuro de esta especie depende directamente de las decisiones que se tomen hoy frente al cambio climático.
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