La calefacción doméstica tal y como se ha conocido durante décadas está entrando en una fase de transformación. Así lo sostiene Jordi Martí, arquitecto y divulgador especializado en eficiencia energética, que advierte de que los radiadores tradicionales están perdiendo sentido en las viviendas actuales: “Los radiadores tienen los días contados; es una tecnología ineficiente y obsoleta”. Su afirmación no responde a una cuestión estética, sino a un cambio profundo en la forma en la que se construyen y aíslan los edificios.
El arquitecto explicó que los radiadores fueron eficaces durante años porque compensaban un problema estructural habitual: viviendas con paredes y ventanas muy frías. En esos casos, la alta temperatura del radiador irradiaba calor hacia el cuerpo y generaba sensación de confort, incluso con un aislamiento deficiente. Sin embargo, el escenario ha cambiado. “Si tu casa está bien aislada, las paredes estarán calientes aunque la temperatura interior sea la misma”, señaló. En viviendas modernas, con envolventes térmicas eficientes, ya no es necesario recurrir a superficies extremadamente calientes para lograr confort térmico.
Martí recordó que la sensación de frío no depende solo del termómetro. Cuando una vivienda está mal aislada, el cuerpo humano —más caliente— irradia calor hacia superficies frías, lo que incrementa la percepción de incomodidad. Por el contrario, en casas bien aisladas, ese intercambio térmico se reduce de forma notable. Por este motivo, mantener sistemas basados en calderas de gas y radiadores muy calientes deja de tener sentido en edificios nuevos o rehabilitados energéticamente. “Ahora ya no tiene sentido tener una caldera de gas y radiadores que se calientan muchísimo”, insistió.
Según explicó el arquitecto, el futuro de la climatización pasa por soluciones que trabajan a temperaturas más bajas y con mayor eficiencia. Entre ellas destacan la aerotermia, el suelo radiante o los sistemas de climatización por aire, todos ellos más compatibles con edificios bien aislados y con el uso de electricidad como fuente principal. “Cada vez verás menos radiadores”, adelantó, subrayando que la tendencia no es puntual, sino estructural, impulsada tanto por la normativa energética como por el encarecimiento de los combustibles fósiles.
Martí también aborda otro elemento clásico de la calefacción: las chimeneas. En otro de sus análisis, puso el foco en su impacto sobre la salud y la calidad del aire. “Cuando quemamos leña se desprenden gases, partículas finas y contaminantes nocivos”, explicó, recordando que no solo afectan a quien las usa, sino también al entorno. Aunque reconoció que no todas las chimeneas son iguales —las cerradas o de gas reducen parte del impacto—, insistió en que desde un punto de vista técnico “la idea es que no necesites quemar nada para calentar tu vivienda”.
Pese a su postura crítica, el arquitecto matizó que no todo se reduce a eficiencia. La experiencia emocional de una chimenea tradicional sigue teniendo valor para muchas personas. “No todo tiene que ser eficiencia”, admitió, reconociendo que el confort también es una percepción subjetiva.
La calefacción doméstica tal y como se ha conocido durante décadas está entrando en una fase de transformación. Así lo sostiene Jordi Martí, arquitecto y divulgador especializado en eficiencia energética, que advierte de que los radiadores tradicionales están perdiendo sentido en las viviendas actuales: “Los radiadores tienen los días contados; es una tecnología ineficiente y obsoleta”. Su afirmación no responde a una cuestión estética, sino a un cambio profundo en la forma en la que se construyen y aíslan los edificios.