Maite Fernández, experta en salud hormonal: "Las alteraciones del estado de ánimo y los problemas de insomnio vienen de antes de la perimenopausia"
Detrás de estos síntomas, a menudo normalizados o achacados al estrés, se esconde un proceso hormonal que se inicia años antes de lo que muchos esperan
Los cambios de humor repentinos, el insomnio persistente o la sensación de no reconocerse emocionalmente no aparecen de la nada con la menopausia. Según la ginecóloga y sexóloga Maite Fernández, especializada en salud hormonal femenina, estos síntomas suelen empezar mucho antes, cuando los ovarios aún funcionan, pero, aunque no se perciba, ya lo hacen de forma irregular. “Muchas mujeres siguen teniendo reglas normales y, aun así, ya están notando que algo no va como antes”, explica.
Fernández insiste en que existe una gran confusión alrededor de la menopausia. Técnicamente, se refiere únicamente al momento de la última menstruación, algo que solo puede confirmarse cuando ha pasado un año completo sin regla. Sin embargo, el proceso es mucho más largo. Antes llega la perimenopausia, una etapa en la que los niveles hormonales ya empiezan a fluctuar y aparecen síntomas que a menudo se normalizan o se atribuyen al estrés.
Entre los más frecuentes están las alteraciones del estado de ánimo, el insomnio, el cansancio persistente o la conocida como “niebla mental”, esa sensación de ir más despacio, olvidar cosas o no poder hacer varias tareas a la vez. “No es solo una cuestión de sofocos. Hay mujeres que no los tienen y, aun así, duermen mal, están irritables o se sienten emocionalmente desbordadas”, señala la especialista.
Y es que en el proceso previo que vive el cuerpo antes de la menopausia está déficit progresivo de tres hormonas muy importantes: estrógenos, progesterona y testosterona. Su descenso no solo afecta al bienestar diario, sino también a la salud a largo plazo. Fernández recuerda que los estrógenos protegen frente al riesgo cardiovascular y que, tras la menopausia, ese riesgo aumenta hasta igualarse o superar al de los hombres. “En casos de menopausia precoz, perder los estrógenos antes de tiempo sin tratamiento reduce la esperanza de vida”, advierte.
La salud sexual sigue siendo, desgraciadamente, un auténtico tabú en esta etapa. La sequedad vaginal, el síntoma más frecuente, suele vivirse en silencio y puede derivar en dolor durante las relaciones, infecciones urinarias recurrentes o hasta dificultad para sentarse con normalidad. “Muchas mujeres creen que es lo que toca y no consultan, pero tratarlo cambia por completo la calidad de vida”, apunta Fernández, que subraya la importancia de diferenciar entre vulva y vagina y de conocer el propio cuerpo.
Y es que muchos síntomas pueden aparecer mucho antes que un diagnóstico médico. La terapia hormonal, bien indicada y personalizada, es una herramienta eficaz y segura en la mayoría de los casos. “No se trata solo de vivir mejor, sino de vivir más y con menos riesgo de enfermedades graves”, afirma, recordando que hoy se utilizan hormonas biológicamente idénticas y vías de administración más seguras que en el pasado.
Junto al tratamiento médico, Fernández defiende un enfoque integral. Cuidar la alimentación, reducir la inflamación, hacer ejercicio —especialmente de fuerza— y aprender a gestionar el estrés son pilares fundamentales para llegar a esta etapa en mejores condiciones. “No es normal vivir permanentemente estresadas ni cansadas. Tampoco hay que asumir que sentirse mal forma parte de la edad”, recalca.
Los cambios de humor repentinos, el insomnio persistente o la sensación de no reconocerse emocionalmente no aparecen de la nada con la menopausia. Según la ginecóloga y sexóloga Maite Fernández, especializada en salud hormonal femenina, estos síntomas suelen empezar mucho antes, cuando los ovarios aún funcionan, pero, aunque no se perciba, ya lo hacen de forma irregular. “Muchas mujeres siguen teniendo reglas normales y, aun así, ya están notando que algo no va como antes”, explica.