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María Gómez, psicoterapeuta: "Las generaciones más jóvenes solo consumen contenido, casi no publican por vergüenza"
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Psicología y redes sociales

María Gómez, psicoterapeuta: "Las generaciones más jóvenes solo consumen contenido, casi no publican por vergüenza"

Las redes sociales han dejado de ser un espacio para compartir y se han convertido, para muchos jóvenes, en un escaparate que solo se mira. La psicoterapeuta alerta de una tendencia silenciosa: cada vez se publica menos por miedo, vergüenza y comparación

Foto: María Gómez en su vídeo de TikTok (@merigopsico)
María Gómez en su vídeo de TikTok (@merigopsico)

Las redes sociales ya no se usan como antes y ese cambio empieza a tener consecuencias psicológicas visibles. La psicoterapeuta María Gómez ha puesto el foco en una tendencia cada vez más extendida entre adolescentes y jóvenes: consumen mucho contenido, pero apenas publican nada propio. No es desconexión digital, advierte, sino una mezcla de vergüenza, miedo y comparación constante.

Gómez parte de una escena cotidiana para explicar el fenómeno. Al ver vídeos sobre rutinas perfectas, estética cuidada o hábitos casi inalcanzables, recuerda que “menos mal que viví una adolescencia sin saber lo que era el skincare o la rutina de las cinco de la mañana”. Para ella, ese bombardeo de estándares irreales ha cambiado la relación con las redes.

Según explica, esta conducta tiene nombre: zero posting. “Las generaciones más jóvenes solo consumen contenido, casi no publican”, señala, y añade que ojalá fuera por una decisión consciente de desconectar. Sin embargo, la realidad es otra: “Me temo que no es por desconexión digital, sino por vergüenza, por no tener publicaciones perfectas, por miedo a los likes”.

La psicoterapeuta recuerda que durante años las redes fueron espacios mucho más espontáneos. “Antes éramos todos creadores de contenido, era algo más real”, apunta. Publicar no implicaba estrategia ni perfección, sino compartir momentos cotidianos, recuerdos y vivencias sin pensar demasiado en cómo iban a ser recibidos.

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El problema, según Gómez, llega cuando ese uso pasivo se combina con el seguimiento masivo de influencers. “Está demostrado que lo que más se relaciona con peores datos de salud mental es el seguimiento pasivo de perfiles que muestran vidas perfectas”, explica. Vidas que suelen estar muy alejadas de la realidad de quien las observa y que, además, tienden a ser superficiales y altamente editadas.

Esa dinámica genera efectos silenciosos pero persistentes. Los jóvenes no solo dejan de participar activamente, sino que empiezan a interiorizar “una sensación de fracaso, insatisfacción, soledad y frustración”. No aparece de golpe, subraya Gómez, sino que “se va formando de manera muy sutil, poco a poco, con todo lo que se nos va colando”.

Foto: (istock)

Ante este escenario, la recomendación de la psicoterapeuta es clara y va dirigida tanto a jóvenes como a adultos. Si las redes van a seguir formando parte de la vida diaria, propone cambiar la forma de usarlas: “Ser más activos, hacer un seguimiento variado y entretenido, y no limitarse a observar vidas ajenas”. Para Gómez, recuperar un uso más participativo puede marcar la diferencia en la salud mental a medio y largo plazo.

Las redes sociales ya no se usan como antes y ese cambio empieza a tener consecuencias psicológicas visibles. La psicoterapeuta María Gómez ha puesto el foco en una tendencia cada vez más extendida entre adolescentes y jóvenes: consumen mucho contenido, pero apenas publican nada propio. No es desconexión digital, advierte, sino una mezcla de vergüenza, miedo y comparación constante.

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