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Cuando los adictos al móvil son tus padres: cómo convencerles de que tienen un problema
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Consejos de una psicóloga

Cuando los adictos al móvil son tus padres: cómo convencerles de que tienen un problema

El uso problemático del móvil y de internet no es solo cosa de adolescentes. Para entender por qué ocurre, cómo afecta a la vida familiar y qué señales deben encender las alarmas, la psicóloga Judit Merayo Barredo advierte de un error muy extendido

Foto: Un hombre sentado en el sofá, junto a su hija, mirando el móvil (iStock)
Un hombre sentado en el sofá, junto a su hija, mirando el móvil (iStock)

Los adolescentes en España presentan un uso problemático de internet, teléfonos móviles y redes sociales (cercano a patrones adictivos en muchos casos), según datos del Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones (OEDA) ligados al Plan Nacional sobre Drogas. Es más, concretamente, lo sufren un 20,5 % de adolescentes de entre 14 y 18 años. No obstante, no son estos jóvenes los únicos que los utilizan de manera desmesurada, aunque la gran mayoría de campañas vayan destinadas a ellos.

"Hemos cometido el error de pensar que la adicción a las pantallas era cosa de adolescentes 'porque no tienen autocontrol'. La realidad es que las aplicaciones están diseñadas por ingenieros conductuales para hackear el cerebro humano, tenga 15 o 60 años. Tras la pandemia, hemos visto una aceleración enorme en adultos mayores que han encontrado en el móvil una ventana al mundo, pero que ha terminado convirtiéndose en su única vía de escape ante la soledad o la rutina", asegura Judit Merayo Barredo, psicóloga general sanitaria y educadora social.

"Cuando los padres están todo el día con el teléfono móvil, el vínculo con sus hijos se enfría y se vuelve puramente logístico"

La realidad es que muchos adultos también pasan demasiadas horas con este dispositivo y esto afecta a su vida de manera directa, pero también a la relación con sus hijos (quienes los tienen). "Cuando los padres están todo el día con el teléfono móvil, el vínculo con sus hijos se enfría y se vuelve puramente logístico. Las conversaciones se limitan a 'pon la mesa' o '¿qué tal el examen?', pero se pierden los micro-momentos de conexión espontánea, que es lo que realmente suma para generar un vínculo de confianza y seguro entre las figuras de referencia y seguridad y los menores. Esa charla que surge en el coche o viendo una película juntos desaparece si cada uno está en su burbuja digital", explica Merayo.

Detectar esta dependencia por parte del entorno de la persona que la sufre es clave para frenarla, pero no es lo único indispensable.

Claves para detectar el abuso del móvil

Para poder determinar si una persona abusa del teléfono móvil o no, hay que fijarse, según Judit, no tanto en el número de horas, sino en la interferencia y el desplazamiento. El problema aparece cuando el móvil empieza a "robar" espacio a funciones vitales básicas.

Es más, para detectar ese mal uso del dispositivo, Judit insiste en que hay que estar pendiente de tres aspectos cruciales:

  • El desplazamiento afectivo: que la persona prefiera interactuar con la pantalla que con quien tiene enfrente (phubbing).
  • La regulación emocional externa: si usa el móvil automáticamente cada vez que siente una emoción desagradable (aburrimiento, tristeza, estrés) como si fuera un "chupete digital".
  • El síndrome de abstinencia psicológico: al olvidarse el móvil o no tener batería, siente una irritabilidad desproporcionada o ansiedad real.
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Poner el problema sobre la mesa

Es probable que si intentas alertar a un adulto de que tiene un problema con el tiempo que dedica al uso del móvil lo niegue. Esto se debe, según Judit, a "la disonancia cognitiva y el rol de autoridad. Un adulto se percibe a sí mismo como un ser maduro, responsable y con control. Admitir que un aparato le domina la voluntad choca con su autoimagen. Además, el adulto tiene la 'excusa perfecta' que el adolescente no tiene: el trabajo y la gestión del hogar".

Es muy común que al enfrentarse a una crítica, respondan racionalizando la acción y den respuestas como: "No estoy jugando, estoy contestando emails de trabajo o leyendo las noticias". Es por eso que es muy importante utilizar las técnicas adecuadas para hacérselo ver.

"Si un hijo le dice a un padre 'estás enganchado', se invierte la jerarquía familiar y el padre siente que pierde autoridad, por lo que lo negará"

"Este es el punto más delicado. Si un hijo le dice a un padre 'estás enganchado', se invierte la jerarquía familiar y el padre siente que pierde autoridad, por lo que atacará o lo negará. La estrategia debe basarse en la (CNV): no hables de su conducta (que juzgas), habla de tu emoción (que es indiscutible)", recomienda Judit, que propone, por ejemplo, decirle a esta persona que le echas de menos y que cuando estás con él se pasa la mayoría del tiempo mirando el móvil, lo cual te pone triste.

Pasar a la acción

Existe una generación de hijos que está creciendo con padres emocionalmente ausentes por la tecnología. Este fenómeno se llama "crianza distraída" y Merayo manifiesta que "nunca habíamos tenido padres tan presentes físicamente (pasamos mucho tiempo en casa), pero tan ausentes mentalmente".

Además, según la psicóloga, uno de los riesgos de este tipo de crianza es que "los hijos aprendan ese modelo de relación y lo repliquen: vínculos superficiales, baja tolerancia al aburrimiento y necesidad constante de estímulos externos para estar bien".

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Es por eso que es tan importante que los padres sigan estrategias para desengancharse, entre las que Judit destaca: las zonas libres de pantalla (pactar que en la mesa y en el dormitorio no entren móviles. Ni el de los hijos, ni el de los padres), desactivar las notificaciones y buscar actividades incompatibles como el deporte o la pintura, porque es imposible dejar el móvil mirando a la pared.

Los adolescentes en España presentan un uso problemático de internet, teléfonos móviles y redes sociales (cercano a patrones adictivos en muchos casos), según datos del Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones (OEDA) ligados al Plan Nacional sobre Drogas. Es más, concretamente, lo sufren un 20,5 % de adolescentes de entre 14 y 18 años. No obstante, no son estos jóvenes los únicos que los utilizan de manera desmesurada, aunque la gran mayoría de campañas vayan destinadas a ellos.

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