José Luis Marín, psiquiatra:"La depresión empieza en la infancia"
Muchos de los trastornos emocionales que afloran años después tienen su origen en las primeras etapas de la vida
La depresión no surge de la nada ni aparece de forma repentina en la edad adulta. Para el psiquiatra José Luis Marín, uno de los errores más extendidos en el abordaje de la salud mental es pensar que se trata solo de un desequilibrio químico o de un problema individual. “La depresión empieza en la infancia”, sostiene, y lo hace mucho antes de que la persona sea consciente de ello, en un entorno marcado por el estrés, el silencio y las experiencias adversas tempranas.
Marín subraya que vivimos en una sociedad dominada por el imperativo del rendimiento y la obligación de mostrarse siempre feliz. Mensajes como el “tú puedes con todo” o la presión por demostrar bienestar constante no solo resultan irreales, sino que pueden ser muy dañinos. Cuando alguien no logra cumplir ese mandato, tiende a culpabilizarse y a vivir el malestar como un fracaso personal, lo que abre la puerta a cuadros depresivos y de ansiedad.
Uno de los ejes centrales de su planteamiento es el peso del trauma infantil. Experiencias como el abandono emocional, la violencia, el abuso o la falta de una figura que regule el estrés en los primeros años de vida dejan una huella duradera. “El silencio hace más daño que la propia experiencia”, explica el psiquiatra, que insiste en que muchas personas adultas con depresión nunca fueron preguntadas por su historia personal. Cuando finalmente lo son, no es raro que expresen alivio al poder poner palabras a un dolor que llevaba años encapsulado.
Desde el punto de vista médico, Marín defiende una visión integradora que rompe la separación clásica entre mente y cuerpo. Cada vez hay más evidencias de que la depresión está vinculada a procesos inflamatorios sostenidos en el tiempo, activados por el estrés crónico. Esa inflamación afecta al estado de ánimo, al sistema inmunitario y a otros órganos, lo que explica la frecuente convivencia entre trastornos mentales y enfermedades físicas.
Por eso, el psiquiatra cuestiona que el diagnóstico sea el verdadero problema. “El motivo de consulta nunca es el problema real”, señala. Detrás de una etiqueta como depresión suele haber soledad, miedo, rabia o una biografía marcada por experiencias no resueltas. Tratar únicamente los síntomas, ya sea con fármacos o con intervenciones superficiales, puede aliviar de forma temporal, pero deja intacto el origen del malestar.
En este contexto, Marín es especialmente crítico con el uso prolongado de psicofármacos como única respuesta. Los considera un recurso útil en situaciones agudas, pero no una solución a largo plazo. A su juicio, escuchar, mirar y comprender la historia vital del paciente es tan terapéutico como cualquier medicamento. Preguntar por la infancia, validar el sufrimiento y ofrecer una explicación que no culpabilice devuelve a la persona parte de la agencia perdida.
El psiquiatra también pone el foco en los determinantes sociales de la salud: la precariedad laboral, el aislamiento, el urbanismo hostil o la falta de espacios verdes influyen de manera directa en el bienestar emocional. No se trata solo de cambiar hábitos individuales, sino de entender que muchas respuestas consideradas patológicas son, en realidad, reacciones adaptativas a contextos difíciles.
La depresión no surge de la nada ni aparece de forma repentina en la edad adulta. Para el psiquiatra José Luis Marín, uno de los errores más extendidos en el abordaje de la salud mental es pensar que se trata solo de un desequilibrio químico o de un problema individual. “La depresión empieza en la infancia”, sostiene, y lo hace mucho antes de que la persona sea consciente de ello, en un entorno marcado por el estrés, el silencio y las experiencias adversas tempranas.