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Rafael Santandreu, psicólogo, sobre los tres objetivos de la vida: "Nada es importante, te vas a morir dentro de nada"
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Rafael Santandreu, psicólogo, sobre los tres objetivos de la vida: "Nada es importante, te vas a morir dentro de nada"

El psicólogo defiende que una vida plena no se mide por éxitos, sino por tres objetivos cotidianos que enumera con un enfoque que rebaja la presión por el éxito y centra la felicidad en el presente

Foto: El psicólogo Rafael Santandreu. (Foto: EFE)
El psicólogo Rafael Santandreu. (Foto: EFE)

El psicólogo Rafael Santandreu vuelve a poner sobre la mesa una idea que sacude la manera en que muchas personas entienden la felicidad: la vida no está para acumular logros, sino para sostener tres metas sencillas que dan sentido al día a día. Su planteamiento, directo y sin dramatismos, insiste en que el bienestar no depende de triunfos externos, sino de cómo entrenamos la mente para vivir con ligereza.

El experto lo explica sin rodeos cuando enumera lo esencial: “Los tres objetivos en la vida de una persona son, en primer lugar, amar a los demás, aprender a amar a los demás. Eso está claro. El segundo es aprender. Aprender cosas también.” Con esas dos primeras patas, Santandreu apunta a algo más profundo que la autosuperación de escaparate: conectar con otros y crecer internamente, no para competir, sino para habitar la vida con más amplitud.

A partir de ahí, remata con una tercera clave que suele ser la más olvidada en la edad adulta: “Pero hay un tercero, ¿eh? Que es jugar, divertirse. Sí que es un objetivo de la vida. Es un objetivo de la vida muy importante. A esta vida hemos venido a jugar y a divertirnos. También amar y también aprender. Pero... los tres son esenciales.” La diversión, entendida como disfrute del proceso y no como premio final, aparece en su discurso como un derecho vital, no como un capricho.

Jugar es esencial

El autor insiste en que ignorar ese impulso lúdico es ir contra nuestra propia naturaleza: “Es absurdo no jugar y disfrutar porque nosotros somos animales jugantes, podemos llamar así, o disfrutantes.” Su comparación con otros primates subraya que el juego no es cosa de niños, sino una forma adulta de estar en el mundo con curiosidad, energía y menos peso psicológico.

El fondo de su mensaje se vuelve todavía más claro cuando Santandreu relativiza el dramatismo con el que solemos mirar la existencia: “En la vida nada es tan importante. Pero si te vas a morir dentro de nada, porque la vida pasa muy rápido, y entonces se acabará todo. El gran desastre está garantizado”. Su invitación no es al nihilismo, sino a la libertad: si todo es pasajero, vale más disfrutar de lo que somos y tenemos ahora.

"A esta vida hemos venido a jugar y a divertirnos. También amar y también aprender", dice Santandreu

Así, amar, aprender y jugar forman una brújula sencilla para orientarse en tiempos de ansiedad, prisa y expectativas imposibles. Santandreu propone bajar el volumen del “éxito” como medida de autoestima y subir el del presente, recordando que una vida plena se construye en lo cotidiano, con vínculos, curiosidad y placer de vivir.

El psicólogo Rafael Santandreu vuelve a poner sobre la mesa una idea que sacude la manera en que muchas personas entienden la felicidad: la vida no está para acumular logros, sino para sostener tres metas sencillas que dan sentido al día a día. Su planteamiento, directo y sin dramatismos, insiste en que el bienestar no depende de triunfos externos, sino de cómo entrenamos la mente para vivir con ligereza.

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