Los psicólogos coinciden en que dejar a los niños solos en casa es una de las decisiones que más inquietud genera entre madres y padres. El primer intento suele venir acompañado de miedo e inseguridad. Por ello, los especialistas advierten de que no debe tomarse como referencia lo que hacen otras familias, sino realizar una valoración individual, basada en criterios racionales y en el desarrollo real de cada menor.
Desde la psicología infantil, algunos expertos sitúan de forma orientativa la franja entre los 10 y los 12 años como una posible edad para que los niños puedan quedarse solos durante periodos breves de tiempo. No obstante, subrayan que la edad no puede ser el único criterio. Resulta fundamental que el menor sea capaz de gestionar la soledad, controlar el aburrimiento y no experimentar ansiedad o angustia en ausencia de adultos.
Otro aspecto clave es el nivel de autonomía y responsabilidad. Los psicólogos señalan que un niño preparado suele cumplir normas sin supervisión constante, organizar correctamente sus tareas escolares y mantener cierto orden en su espacio personal. Estas conductas reflejan una madurez emocional progresiva, imprescindible para asumir esta experiencia de forma segura.
Antes de dar el paso, los expertos recomiendan que los padres se planteen cuestiones básicas, como si el menor sabe actuar ante una emergencia o conoce los números de contacto necesarios. La base de todo es la confianza, que se construye con el tiempo y refuerza la seguridad emocional. Por ello, aconsejan dejarle un teléfono cargado, una linterna, un botiquín básico y normas claras mientras esté solo.
Los psicólogos coinciden en que dejar a los niños solos en casa es una de las decisiones que más inquietud genera entre madres y padres. El primer intento suele venir acompañado de miedo e inseguridad. Por ello, los especialistas advierten de que no debe tomarse como referencia lo que hacen otras familias, sino realizar una valoración individual, basada en criterios racionales y en el desarrollo real de cada menor.