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Noelia González, nutricionista: "Hay que normalizar que se pueden comer arroz, pasta o patatas en una dieta para perder peso"
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Noelia González, nutricionista: "Hay que normalizar que se pueden comer arroz, pasta o patatas en una dieta para perder peso"

Defiende una forma más sensata de alimentarse, en la que comer bien no pasa por eliminar grupos enteros de alimentos, sino por aprender a utilizarlos con cabeza y sin culpa

Foto: (Youtube | Aire Puro)
(Youtube | Aire Puro)

Durante años, adelgazar se ha asociado a eliminar alimentos, a contar calorías con lupa y a vivir con miedo al plato. Frente a esa cultura de la restricción, la nutricionista y enfermera Noelia González lanza un mensaje claro y necesario: comer bien no significa comer menos, ni mucho menos desterrar los hidratos de carbono. Arroz, pasta o patatas pueden —y deben— formar parte de una dieta orientada a perder peso si se entienden las cantidades y el contexto.

En el pódcast Aire Puro, González desmonta uno de los errores más habituales. Explica que cuando se eliminan los carbohidratos de golpe el peso baja, sí, pero no por la razón que muchos creen. Esa pérdida inicial no procede de la grasa, sino del glucógeno muscular y del agua asociada a él. “Es una bajada engañosa”, advierte, comparable a lo que ocurre tras una sauna: el número de la báscula cambia, pero el cuerpo no ha mejorado.

La nutricionista defiende una visión más amplia y menos obsesiva de la alimentación. Para ella, la nutrición no es una lista de prohibiciones, sino la búsqueda de los alimentos que cada persona necesita en un momento concreto de su vida para estar sana. Eso implica entender que no todos los cuerpos funcionan igual, ni todos los días se come lo mismo, ni todos los objetivos requieren la misma estrategia.

Uno de los conceptos que más se repite en su discurso es la llamada “carbofobia”, ese miedo irracional a los hidratos de carbono que ha calado en la población. González recuerda que los carbohidratos no solo están en el arroz o la pasta, sino también en frutas, verduras y legumbres, alimentos básicos en cualquier patrón saludable. Además, son el principal combustible del organismo, especialmente en personas activas o deportistas.

El problema, insiste, no está en los macronutrientes, sino en los extremos. Lo mismo ocurre con las grasas, otro nutriente históricamente demonizado. “Las grasas son el vehículo de nuestras hormonas”, señala, poniendo como ejemplo alimentos como el aceite de oliva o el aguacate. Eliminarlas por completo, al igual que hacer lo mismo con los hidratos, desequilibra el organismo y puede tener consecuencias a medio y largo plazo.

González también alerta sobre la obsesión actual por la proteína. Yogures, panes y productos “proteicos” llenan los supermercados, alimentando la idea de que cuanto más, mejor. Sin embargo, el cuerpo solo absorbe la cantidad que necesita. El exceso no se traduce en más músculo ni en mejores resultados, y en muchos casos solo supone un gasto innecesario y una dieta descompensada.

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Más allá de los nutrientes, la nutricionista pone el foco en un aspecto a menudo olvidado: la relación con la comida. Sustituir platos completos por batidos, saltarse comidas o convertir ciertos alimentos en premios puede generar una relación disfuncional con la alimentación. “Tenemos que normalizar el hecho de decir: yo tengo que comer”, defiende, recordando que masticar, disfrutar y saber qué se está comiendo también forma parte de la salud.

Incluso los alimentos considerados “menos sanos” tienen su lugar, si se entienden como algo puntual. Permitirse una hamburguesa ocasional, explica González, puede ser “lo más sano del mundo a nivel mental”. El problema aparece cuando ese gesto se convierte en rutina o en recompensa constante, cargando la comida de un componente emocional que acaba pasando factura.

Durante años, adelgazar se ha asociado a eliminar alimentos, a contar calorías con lupa y a vivir con miedo al plato. Frente a esa cultura de la restricción, la nutricionista y enfermera Noelia González lanza un mensaje claro y necesario: comer bien no significa comer menos, ni mucho menos desterrar los hidratos de carbono. Arroz, pasta o patatas pueden —y deben— formar parte de una dieta orientada a perder peso si se entienden las cantidades y el contexto.

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