La idea de que la cena es el momento clave del día para cuidar la salud está muy extendida, pero cada vez más expertos advierten de que el horario del desayuno también desempeña un papel determinante en el metabolismo, la salud metabólica y la longevidad. No se trata solo de qué se come, sino de cuándo se realiza la primera ingesta, un factor que puede influir en el envejecimiento saludable.
En este contexto, algunos especialistas en nutrición coinciden en que no es imprescindible desayunar nada más levantarse. Retrasar la primera comida y mantener un intervalo aproximado de 12 horas entre la cena y el desayuno se relaciona con los principios del ayuno, una práctica que favorece la quema de grasa frente al uso de carbohidratos, con efectos positivos sobre el control del peso y la salud metabólica.
Además, despertarse sin sensación de hambre no tiene por qué ser algo negativo. Para muchos expertos, puede ser un indicio de que el cuerpo se activa sin necesidad inmediata de alimento. A esto se suma que muchos desayunos habituales son ricos en carbohidratos refinados, como bollería, galletas o cereales, lo que puede provocar picos de insulina poco recomendables a largo plazo.
Por este motivo, los expertos aconsejan priorizar desayunos salados, con mayor presencia de proteínas y fibra, que ayudan a prolongar la saciedad y a mantener estables los niveles de glucosa. El médico Rupy Aujla, colaborador habitual en podcasts y medios especializados, recuerda que los patrones actuales se alejan de la alimentación de los cazadores-recolectores, basada casi exclusivamente en alimentos salados. Ajustar el horario y el contenido del desayuno puede contribuir a una mejor salud general y a una mayor esperanza de vida.
La idea de que la cena es el momento clave del día para cuidar la salud está muy extendida, pero cada vez más expertos advierten de que el horario del desayuno también desempeña un papel determinante en el metabolismo, la salud metabólica y la longevidad. No se trata solo de qué se come, sino de cuándo se realiza la primera ingesta, un factor que puede influir en el envejecimiento saludable.