Mirar la mano puede parecer un gesto trivial, casi automático. Sin embargo, para el psiconeuroinmunólogo Xevi Verdaguer ese simple movimiento puede ofrecer pistas sobre la actividad hormonal del organismo. Durante su participación en el podcast 'Roca Project', el especialista propone un ejercicio sencillo: extender la mano derecha, juntar los dedos y comparar la longitud del índice —el segundo dedo— con la del anular, el cuarto. A partir de ahí, sostiene, se pueden intuir ciertos rasgos biológicos ligados a la influencia de estrógenos y testosterona.
“El que tenga el segundo dedo más largo que el cuarto sabe que tiene más actividad de estrógenos, hormona femenina”, explica Verdaguer. Por el contrario, añade que “el que tenga el cuarto dedo más largo que el segundo tiene más actividad de hormonas masculinas”. Esta diferencia, conocida en ciencia como la relación 2D:4D, ha sido objeto de múltiples estudios que analizan su posible vínculo con la exposición hormonal durante el desarrollo fetal.
Verdaguer insiste en que no se trata de una clasificación moral ni de una jerarquía entre hombres y mujeres. “Ni es bueno ni es malo”, subraya en su explicación, sino que tiene que ver con características distintas del organismo. Según señala, la longitud relativa de los dedos estaría relacionada con la cantidad de receptores hormonales masculinos o femeninos, algo que podría influir en ciertos aspectos físicos y funcionales del cuerpo.
En el caso de los estrógenos, el psiconeuroinmunólogo destaca algunos efectos positivos. “Los estrógenos mejoran la actividad inmune”, afirma. Y también asocia esta hormona con una mayor capacidad para realizar varias tareas a la vez. En este punto, lanza una reflexión que suele generar debate. “Por eso hay más chicas universitarias que chicos”, comenta, vinculando esta habilidad multitarea con el rendimiento académico.
No obstante, Verdaguer también advierte de que un predominio estrogénico puede ir acompañado de determinados problemas de salud. Según explica, las personas —especialmente mujeres— con el índice más largo que el anular pueden ser más propensas a sufrir migrañas, ansiedad, dolor menstrual, cefaleas o contracturas musculares. “El exceso de estrógenos se asocia a problemas de histamina”, apunta.
En el lado opuesto, las mujeres cuyo cuarto dedo supera en longitud al segundo serían, según su planteamiento, “chicas más masculinas”, es decir, con mayor influencia androgénica. Esto se traduciría en rasgos como una piel más grasa, mayor producción de sebo, olor corporal más intenso o mayor presencia de vello corporal. “Tienen la piel grasa y se hacen más limpiezas de cutis”, describe. Y añade que es frecuente que recurran a la depilación láser por la tendencia a que el vello se enquiste.
El especialista también menciona que estas mujeres suelen tener menos problemas de migrañas o dolores asociados al ciclo menstrual, algo que atribuye a la menor carga estrogénica. En el caso de los hombres, Verdaguer utiliza ejemplos visuales para explicar cómo un perfil más estrogénico podría relacionarse con acumulación de grasa en determinadas zonas, como el pecho o las caderas, aunque siempre insiste en que se trata de tendencias generales y no de reglas absolutas.
Mirar la mano puede parecer un gesto trivial, casi automático. Sin embargo, para el psiconeuroinmunólogo Xevi Verdaguer ese simple movimiento puede ofrecer pistas sobre la actividad hormonal del organismo. Durante su participación en el podcast 'Roca Project', el especialista propone un ejercicio sencillo: extender la mano derecha, juntar los dedos y comparar la longitud del índice —el segundo dedo— con la del anular, el cuarto. A partir de ahí, sostiene, se pueden intuir ciertos rasgos biológicos ligados a la influencia de estrógenos y testosterona.