Virginia Gómez, experta en nutrición digestiva: "No comes legumbres porque te hinchas, pero te hinchas porque comes legumbres"
La sensación de barriga hinchada tras las comidas se ha normalizado hasta el punto de que muchos optan por eliminar alimentos básicos de su dieta sin pensarlo dos veces
La hinchazón abdominal se ha convertido en uno de los grandes quebraderos de cabeza de la alimentación moderna: las consultas de los doctores se llenan de diagnósticos de SIBO y otros trastornos derivados del sistema digestivo. Muchas personas aseguran que determinados alimentos “les inflaman”, especialmente las legumbres, la avena o los cereales integrales. Sin embargo, según la dietista-nutricionista Virginia Gómez, especializada en salud digestiva, el problema no siempre está en lo que se come, sino en lo que se deja de comer durante años.
“No comes legumbres porque te hinchas, pero te hinchas porque no comes legumbres”, resume la experta en una conversación reciente sobre digestión y microbiota. Una frase que condensa una paradoja muy habitual en consulta y que ayuda a desmontar uno de los grandes mitos actuales sobre la alimentación saludable.
Uno de los primeros errores, explica Gómez, es confundir conceptos. La mayoría de personas que dicen estar “inflamadas” en realidad hablan de hinchazón o distensión abdominal, sensaciones molestas pero muy distintas a la inflamación real, que es una respuesta del sistema inmunitario y no suele ser visible a simple vista.
“La inflamación se puede medir con pruebas médicas, como la calprotectina fecal en casos concretos. La hinchazón, en cambio, es una sensación subjetiva, y la distensión sí puede verse o medirse, por ejemplo, cuando aumenta el perímetro abdominal a lo largo del día”, aclara.
Este matiz es clave, porque muchas decisiones dietéticas drásticas parten de una interpretación errónea de los síntomas.
Cuando alguien elimina las legumbres porque le producen gases o hinchazón, suele entrar en un círculo difícil de romper. Al reducir la ingesta de fibra, la microbiota intestinal se empobrece y pierde capacidad para fermentar ciertos alimentos. El resultado es que, cuando se vuelven a introducir, aparecen molestias.
“La fermentación de la fibra es normal y esperable. Lo raro sería comer legumbres y no notar absolutamente nada. El problema es cuando existe una hipersensibilidad intestinal, y esa fermentación normal ya se percibe como dolorosa”, señala la nutricionista.
En esos casos, la solución no suele ser eliminar el alimento, sino reintroducirlo de forma progresiva, empezando por opciones más fáciles de tolerar, como derivados de la legumbre (tofu, tempeh), hummus o legumbres peladas, y aumentando poco a poco la cantidad.
Gómez insiste en que la microbiota intestinal se adapta a lo que comemos de manera habitual. Personas que llevan años consumiendo mucha fibra pueden tolerar grandes cantidades de legumbres sin apenas gases, mientras que quienes han seguido dietas pobres en fibra notan cualquier cambio.
“No es que tengas ‘una mala microbiota’ de nacimiento, es que la has acostumbrado a trabajar poco”, explica. Por eso, las dietas muy bajas en carbohidratos o fibra pueden aliviar síntomas a corto plazo, pero empeorar la salud digestiva a medio y largo plazo.
Cuándo conviene consultar a un profesional
Aunque muchos cambios digestivos pueden entrar dentro de la normalidad, Gómez recuerda que hay señales claras para pedir ayuda médica. Según los criterios clínicos, si más del 25% de las deposiciones son muy duras (estreñimiento) o muy líquidas (diarrea), y esto se mantiene en el tiempo, conviene consultar.
También cuando los síntomas afectan a la calidad de vida, generan dolor frecuente o condicionan el día a día. “No es normal vivir pendiente del baño o dejar de hacer planes por miedo a cómo te va a sentar la comida”, apunta.
No hay trucos mágicos: dieta mediterránea basada en plantas, rica en frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, frutos secos y aceite de oliva. Sin rigidez extrema y teniendo en cuenta también el placer de comer y la vida social.
La hinchazón abdominal se ha convertido en uno de los grandes quebraderos de cabeza de la alimentación moderna: las consultas de los doctores se llenan de diagnósticos de SIBO y otros trastornos derivados del sistema digestivo. Muchas personas aseguran que determinados alimentos “les inflaman”, especialmente las legumbres, la avena o los cereales integrales. Sin embargo, según la dietista-nutricionista Virginia Gómez, especializada en salud digestiva, el problema no siempre está en lo que se come, sino en lo que se deja de comer durante años.