El estrés se ha convertido en una constante para muchas personas y, aunque solemos asociar su recuperación al descanso físico, la neurociencia advierte de que ese planteamiento es incompleto. Así lo explica la neurocientífica Rachel Barr, que señala que existe un fallo habitual cuando intentamos desconectar y recuperar energía tras periodos de tensión prolongada.
“Hay un error común que la mayoría cometemos cuando intentamos recuperarnos del estrés”, afirma Barr en una publicación de Instagram. Según explica, el cuerpo puede aceptar el descanso con relativa facilidad, pero el cerebro funciona de otra manera y puede sabotear ese proceso si no se atiende la dimensión psicológica. La experta aclara que es más exigente y, al estar al mando del organismo, puede impedir que el cuerpo se recupere aunque aparentemente esté descansando. “Puede arrebatarle ese descanso y esa recuperación a tu cuerpo, que se conforma con poco, si no logras una ‘recuperación psicológica’ adecuada”, advierte.
Uno de los principales problemas, según Rachel Barr, es que solemos entender la recuperación como una lista de actividades. “Pensamos en el descanso y la recuperación en términos de actividades”, señala, aludiendo a prácticas habituales como el yoga, salir a correr o quedar con amigos. Para la neurocientífica, este enfoque es incorrecto porque pone el foco en la acción y no en la vivencia. “Es una variable errónea en la que centrarse, porque, aunque esas actividades puedan ser constantes, no las experimentamos de la misma manera”, explica.
Por tanto, la clave no está en lo que se hace, sino en cómo se vive. “El objetivo es cómo te sientes mientras la realizas y después”, afirma. La experta pone un ejemplo claro: “Un paseo tranquilo puede que no te resulte muy rejuvenecedor si te pasas todo el rato rumiando sobre una conversación extraña con tu jefe”. En esos casos, la mente sigue atrapada en el estrés, aunque el cuerpo esté en reposo.
Rachel Barr sostiene que cada momento requiere una respuesta distinta. En lugar de insistir en una rutina fija, propone identificar qué falta a nivel psicológico. “Quizás lo que necesitas en esa situación es una dosis de triunfo. Una pequeña victoria, sentir que tienes el control o quizás simplemente sentirte seguro”, explica. Por ello, recomienda pensar la recuperación como una experiencia subjetiva. “Debes poner en práctica la recuperación en términos de experiencia, no de actividad”, afirma, enumerando sensaciones clave como desconectarse del trabajo, sentirse con energía, creativo, liberado de obligaciones o con sensación de control.
Para la neurocientífica, cambiar el foco de la acción a la experiencia permite evaluar el propio estado mental. “Cambiar el enfoque de la acción a la experiencia te permite comprobar cómo te sientes”, señala. La conclusión de Barr es clara: “Ninguna actividad es intrínsecamente relajante, depende de tus necesidades y de tu estado interno, que varían día a día”. Entender esta idea puede marcar la diferencia entre un descanso aparente y una verdadera recuperación del estrés.
El estrés se ha convertido en una constante para muchas personas y, aunque solemos asociar su recuperación al descanso físico, la neurociencia advierte de que ese planteamiento es incompleto. Así lo explica la neurocientífica Rachel Barr, que señala que existe un fallo habitual cuando intentamos desconectar y recuperar energía tras periodos de tensión prolongada.