La margarita amarilla sudafricana que resiste el frío: claves para cuidarla con éxito
La Euryops pectinatus sorprende por su floración invernal, su resistencia a las bajas temperaturas y su fácil mantenimiento en jardines y balcones mediterráneos
Entre las plantas ornamentales que mejor se comportan durante los meses fríos destaca la Euryops pectinatus, una margarita amarilla originaria de Sudáfrica que rompe con el ciclo habitual del jardín. Mientras muchas especies entran en reposo, esta planta mantiene una floración visible y prolongada, aportando color y luminosidad en otoño e invierno.
Este comportamiento singular está directamente relacionado con su hábitat natural. En origen, la Euryops pectinatus crece en zonas templadas, secas y muy luminosas. Al cultivarse en el sur de Europa, especialmente en exposición sur y a pleno sol, encuentra condiciones similares durante el invierno, lo que explica que concentre su actividad floral en los meses fríos.
Desde el punto de vista botánico, se trata de un arbusto perenne de porte redondeado que puede superar el metro de altura cuando se planta en suelo. Sus hojas gris verdosas, profundamente dentadas, mantienen un alto valor ornamental durante todo el año. Las flores amarillas intensas, similares a las margaritas clásicas, destacan con claridad sobre el follaje.
En cuanto a los cuidados, es una especie resistente y poco exigente. Necesita mucha luz, un sustrato bien drenado y riegos moderados, ya que el exceso de agua resulta más perjudicial que el frío. Soporta heladas ligeras y puntuales y, con una poda suave tras la floración, mantiene su forma compacta y estimula nuevos brotes.
Entre las plantas ornamentales que mejor se comportan durante los meses fríos destaca la Euryops pectinatus, una margarita amarilla originaria de Sudáfrica que rompe con el ciclo habitual del jardín. Mientras muchas especies entran en reposo, esta planta mantiene una floración visible y prolongada, aportando color y luminosidad en otoño e invierno.