Comer fruta es saludable, pero no siempre se consume de la mejor manera. Así lo explica Anna Paré, farmacéutica y nutricionista, que ha puesto el foco en un gesto sencillo que puede marcar la diferencia en los niveles de energía y en la salud cerebral: acompañar la fruta con frutos secos. “La fibra y las grasas saludables de los frutos secos hacen que el azúcar de la fruta se absorba más despacio”, señala.
El problema no es la fruta en sí, sino la rapidez con la que su azúcar llega a la sangre cuando se consume sola, especialmente fuera de las comidas. Esa subida brusca de glucosa puede provocar picos de energía seguidos de bajones que llevan a tener más hambre y a buscar alimentos poco saludables. Añadir un puñado de frutos secos ayuda a frenar ese impacto, favoreciendo una energía más estable a lo largo del día.
Paré subraya que no hay que tener miedo a las grasas cuando son de calidad. Nueces, almendras, avellanas o pistachos aportan fibra, proteínas y grasas saludables que no solo mejoran la respuesta glucémica, sino que también benefician al cerebro. En el caso de las nueces, además, existe evidencia científica que las relaciona con una mejor salud neuronal y con la estimulación de factores vinculados a la memoria y el aprendizaje.
Esta recomendación encaja con una visión más amplia de la alimentación, en la que el azúcar añadido ocupa el papel de gran enemigo. La especialista recuerda que da igual que el azúcar sea blanco, moreno o integral: sigue siendo azúcar, y cuanto menos se consuma, mejor. Reducirlo ayuda a evitar inflamación, picos de glucosa y problemas metabólicos que, a largo plazo, también afectan al cerebro.
La clave está en combinar bien los alimentos y entender cómo reacciona el cuerpo. No es lo mismo beber un zumo que comer la fruta entera, ni tomar algo dulce solo que hacerlo acompañado de fibra, grasa o proteína. “El cerebro no tolera bien los altibajos constantes de glucosa”, explica Paré, que insiste en buscar comidas y tentempiés que aporten energía de forma progresiva.
Más allá de este gesto concreto, la nutricionista defiende un patrón basado en alimentos reales: verduras, frutas enteras, legumbres, pescado azul, frutos secos y aceite de oliva virgen extra. Pequeños cambios, como sustituir un tentempié azucarado por fruta con frutos secos, pueden tener un impacto notable en la energía diaria, la concentración y el bienestar general.
Comer fruta es saludable, pero no siempre se consume de la mejor manera. Así lo explica Anna Paré, farmacéutica y nutricionista, que ha puesto el foco en un gesto sencillo que puede marcar la diferencia en los niveles de energía y en la salud cerebral: acompañar la fruta con frutos secos. “La fibra y las grasas saludables de los frutos secos hacen que el azúcar de la fruta se absorba más despacio”, señala.